LA PRENSA/AGENCIA

Dudas

¿Dónde estará el fiel compañero Mau? Hace horas salió a cumplir la misión. Los caminos son oscuros y tienen piedras que Dios colocó para sorprender a los forasteros.

Por Luis Alvarenga

¿Dónde estará el fiel compañero Mau? Hace horas salió a cumplir la misión. Los caminos son oscuros y tienen piedras que Dios colocó para sorprender a los forasteros. El fiel compañero Mau es fuereño. Lo delata su forma de andar y de renegar por el resol y por la carga delirante de árboles. Lo delata la forma en que quemó sus papeles rojos y el manual del Partido donde explica cómo pasar de ser nada a simpatizante, de ser simpatizante a militante, de ser militante a miembro, cómo pasar de ser un gusano verde o negro a mariposa monarca en un bosque al que se llega con una contraseña en un idioma sepultado.

—¿Dónde estará el fiel compañero Mau? A medida que pasa el tiempo, crece acá en esta posta, donde crece la bruma como una cortesía de la locura, crece acá la incertidumbre como aquella vez en que el mediodía era el olor picante de las bombas de humo y corrió dejando tirados los baldes con las monedas de las cuchumbeadas y el paso a dos niveles de Hacienda era la trampa donde se fueron a meter todos los ratones y las ratas y donde el fiel compañero Mau se salvó porque la suerte es una puta loca, pintarrajeada y bien borracha o drogada al frente del timón de un taxi, y fue así como pudo regresar a la casa de sus padres, donde fingió asombro por lo que decía el noticiero sobre el desmadre de la Universidad.

—¿Dónde estará el fiel compañero Mau? Se le encomendó la misión por la que vadearía mares de cerros, en la que podría inventar una nueva y minúscula toponimia de los sitios nimios, para así no volver a perder pie. ¿Será que el pie forzado de su paradero fue el pie volado por una mina vuelahuevos? Una vez me despertó cuando terminó de hacer posta. Me señalaba hacia su boca abierta, mientras farfullaba como un mudo, los mudos son de cuidado, tienen una forma de insultar sólo con sonidos y entonces creí que estaba mudo y luego que bostezaba interminablemente y fue que de un bostezo se le trabó la mandíbula al güevón, imposible ya de cerrar por el frío. Me dio miedo porque parecía un profeta loco que podría agarrarme a mordidas, pero cuyo estado actual lo impedía. Le dije que se durmiera y que luego le conseguiría al médico, que se parecía al Loco Valdez. El Loco Valdez lo tuvo en el hospital, tumbado en una cama de bambú y le dio un chute de Diazepán para que dejara de joder y le cerró la quijada como se cierra una gaveta rebelde: se endereza y le das un solo putazo hacia adentro, me explicó el Loco Valdez. Así se despertó el fiel compañero Mau, en una peda riquísima como la que hubiera deseado ponerse Calzonazo si esta mierda fuera una guerrilla surrealista.

—Dónde estará el fiel compañero Mau, que partió para cumplir las instrucciones del mando? Dudo que resista una semana más con su cara de mártir bizantino en cada chicharrón que les pone el gordo Rudy y su pedagógico “Hágale huevo, a mí me duele”, para que no chillen ni se aculeren los nuevos, pero por gusto.

—¿Dónde estará el fiel compañero Mau? Podría pelarse de los cables si no se endama o si no se encama (¿en qué cama?), aunque sea con una como la Ardilla, que todavía es una bicha cagada pero que ya le asoma la punta de los morritos. Pero imposible, el fiel compañero Mau habla en unos poemas de una mujer en la Metro que se le metió en las venas con el puto veneno de los deseos aún sin cumplirse, los sueños de mierda que no dan agua a los sedientos, que no dejan curarse a los alcoholizados por los sueños, a los pendejos fantasiosos que se levantan cantando “El río está llamando”.

—¿Dónde estará el fiel compañero Mau? Yo no sabía si llorar por el trompo a la uña que nos echamos con él, o si cagarme de la risa cuando vi la foto suya en el diario y un aviso de su familia: “Juanito: Te esperamos en casa. Tu abuelo murió”. No llegarás lejos, pensé, y cuando se lo conté al fiel compañero Mau, éste se carcajeó y sólo dijo: “Puya, cerote”, en un tono beatífico. No llegarás lejos, pensé.

—¿Dónde estará el fiel compañero Mau, que partió en una misión que será su última oportunidad antes que venga el invierno?

—Si siguen hablando mierdas de mí, mejor no voy.

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