Por Javier Alvarado
Enfermabas con luciérnagas
y con murciélagos salidos de las lámparas.
Me despido de auroras y borrachos
cuando bebo la chicha fuerte de los equinoccios
y soy entonces como un gallo anunciado
con el yo bocabajo de las auguraciones.
Es la caída de las palomas y de los pensamientos
en la turba de veraneras o geranios.
Me despido de las mañanas
cuando las vísperas huyen de mis manos
cuando no pregunten por mi edad
las cascochas de esperma
los guásimos y el roble
y todos los muebles muertos
de la casa de la infancia.
Quedo como el verso
con olores abueliles
en las ruinas de la cocina,
el techo harto de polillas
que reunieron llantos
risas o recuerdos.
Enfermo con búhos
gatos, palomas o luciérnagas
cuando ese vocablo de la primavera
siga huyendo de nuestras manos,
de la casa en ruinas de nuestra infancia.
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