Hablar de la Madre Teresa es nunca terminarde explicar su trabajo, sus virtudes, su entrega en este mundo; el legajo que la Madre dejó en todos nosotros y en especial en la orden de las Misioneras de la Caridad nos llena de orgullo el poder aportar un granito de arena en su grandiosa obra, pues somos un grupo de colaboradoras unidas en Nicaragua con las misioneras desde los años ochenta y es cuando el Señor Jesús nos dio el regalo de poder conocer a esa gran mujer, pequeña de estatura pero grande de alma, pudimos escuchar sus consejos, su sabio amor a Dios y a su madre, su entrega a los pobres y el gran servicio a los demás, como también aprendimos de la obediencia que la Madre tuvo al llamado de Dios para con su obra.
Los años de vida de la Madre fueron ejemplos de los grandes dones y virtudes que el Señor regaló en ella; pues sólo a través de todos estos años, ya en ausencia de ella, podemos ver los frutos en sus misioneras en todo el mundo.
Sus escritos son enseñanzas para la sociedad y en especial para todas nosotras sus colaboradoras, pues en sus cartas nos habla del “tengo sed”, decía que Jesús tenía sed de nosotros, que él nos amaba aunque nosotros no nos sintiéramos dignos de él, aún cuando no nos sintiéramos aceptados por los demás o quizás por nosotros mismos, que Jesús es el único que nos acepta siempre.
También nos hablaba del gran amor de Dios a su vocación al haberle permitido formar la Orden de las Misioneras de la Caridad y así poder saciar la sed de Jesús por amor y por las almas, dándoles un lugar especial en la Iglesia y así ellas poder recordar al mundo la sed de Jesús, algo que había sido olvidado por todos nosotros, pues el tener sed y saciar a Jesús, nos dice la Madre, es la sed del corazón de Jesús escondido en los pobres, es la culminación de su cuarto voto, el espíritu de nuestra sociedad el poder saciar a Jesús vivo en nuestro alrededor, fue el único propósito en la vida de ella, fue la única meta para haber podido llevar a cabo esa gran misión que Jesús encomendó en la Madre Teresa de Calcuta.
Sólo me resta poder decirles que en este mundo nos es difícil poder saciar la sed de Jesús si nosotros vivimos apegados a los sentimientos del mundo, rencores, odios, comodidades, envidias, etc.; pues así será muy difícil poder escuchar a Jesús dentro de nuestros corazones, quizás si tomáramos el consejo de la Madre Teresa cuando nos dice: El fruto del silencio es la oración, el fruto de la oración es la fe, el fruto de la fe es el amor, el fruto del amor es el servicio, el fruto del servicio es la paz.
De esta manera podríamos ser partícipes del reino de Dios en este mundo y así poder ayudar a continuar la misión de la Madre Teresa en el mundo entero.
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