Por Mario Martz D’León
Al final de este día queda lo que quedó de ayer. Fernando Pessoa
Qué pasa con los años
que corren lentos
y abrazan a la niña
que desde la ventana
de un autobús me dice adiós.
Qué pasa con la noche
que desnuda
se presenta ante mí
y seduce a mis manos
para que le haga el amor
en el aire. “¿Qué nos queda?”
me pregunta.
«Nada» le respondo,
excepto las ganas
de construir un reino
en el árbol de la memoria.
Y ya derrotada por mi abandono
se marcha hacia
su otro amante. Yo la esperaré
en el paraíso del infierno
que habita mi vida
si es que entonces,
después de haber muerto,
me queda
algún pedazo de amor
entre las manos.
EPITAFIO DE UN JOVEN CARTERO
Es locura vivir sin la sonrisa
Czeslaw Milosz
Aquí yacen los restos del joven
que nunca vio la sonrisa
petrificada en el polvo
—fue un cartero de vida—,
entregó tantas cartas
que nunca nadie respondió
a sus remitentes;
ahora que usted lee la última
y sabe que su soledad
fue honda y ancha:
Corresponda
y confirme a la muerte
la compra de su boleto
en esta vida,
antes que le sorprenda el día
sin haber hecho nada.
AUTORRETRATO CON DIFERENCIA DE OLVIDO
Para retratar el olvido en el sueño
hay que arrancarse las venas
y tenderlas
en las aceras para que los perros
acaricien su soledad:
La vida es un autorretrato
forzado por el tiempo
las cuchillas de esta sonrisa febril
carcomen las huellas del olvido
morder la tierra es más fácil
que despertar de noche
en el vigésimo sueño
y soñar es morir en la sombra del agua
la ciudad se derrumba en tu espalda
y el fondo en sepia es un estambre
de sonrisas empuñadas con los dientes
a esta hora perros y gatos duermen
en el equinoccio de la muerte
—las puertas y ventanas
vigilan sus sueños
porque mañana emprenderán el viaje
al infierno de los tristes:
—Las estatuas llorarán de alegría
y yo sonreiré de tristeza
luego del sacrificio virtual
este ejército de perros suicidas
será un circo nocturno
abierto hasta el amanecer
en las playas del cielo.

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