Tradición y populismo

Por Hernan Ríos Díaz

El obeso vestido como apache le reclama más dinero a la Mayordoma de las fiestas de Santo Domingo, los embadurnados de aceite quemado le estropean la ropa a los pocos bañados y vestidos con ropa dominguera, los cargadores de un bando y del otro se agarran a trompones, los aspirantes a políticos y los que no tienen otra vitrina se dejan ver para que la multitud recuerde su vigencia. El santito va entre cargadores y el grueso de los miembros de la Policía, mientras los rateros y violentos pululan por todas partes. La novedad fue que sectas religiosas sin rostro alguno atacan con mantas a los otros creyentes. El que lee este escrito va a decirse a sí mismo: nada nuevo o así es la tradición. Es cierto, nada nuevo, pero más bien que atraso educativo a una población deseosa de diversión. La vida no sólo es levantarse, trabajar, comer y volver a acostarse, necesita esparcimiento, es necesario el divertimiento. Managua, por supuesto, no es el paraíso de la diversión. El defecto radica en el abuso de los gobernantes y de los patrocinadores comerciales, en sólo otorgar los recursos monetarios para lograr populismo sin preocuparse de lo esencial, educar y educar para lograr una ciudadanía con verdadero orgullo patrio. Son ridiculeces los actos alborotistas y vehementes de folcloristas y tradicionalistas aferrados que el pasado fue mejor, como fue la roza del camino ahora la ensuciada del camino. La pretensión no es el señalamiento admonitorio sin fundamento, sino más bien la búsqueda de soluciones que vigoricen a las fiestas tradicionales. Sobra un ejemplo: Managua debería copiar a las fiestas patronales del departamento de Carazo.

No se puede seguir soportando que cada agosto los mismos ciudadanos se separen, por culpa de una tradición mal entendida. Hay que educar para buscar la estética de una fiesta tradicional y no confundir fiesta del pueblo como sinónimo de la cochinada. No se puede seguir gastando el erario en la promoción de un alboroto sin sentido, sino en hacer una campaña previa de que voluntarios limpiemos las calles, evitar a los embadurnados que por su ignorancia se dañan con un carburante untado en su cuerpo.

Estimular el uso de vestimenta adecuada para la ocasión, tal como son el huipil, la cotona de los hombres, los sombreros, los adornos de flores y cintas multicolor, el regreso de cientos de marimbas, el desfile de carrozas, carretas y caballos, los bailes bajo los acordes del son nica y la música de bandas de viento. La Alcaldía y los patrocinadores deben de poner las reglas, para ir logrando un cambio sustancial cada año en beneficio que la tradición se convierta en una fecha esperada y aumentar el turismo que tanto se necesita.


El autor es médico.

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