Entre el 27 y 29 de julio Venezuela y Colombia congelaron relaciones diplomáticas por la aún inobjetable denuncia de Bogotá de que las FARC tienen sendas instalaciones de apoyo logístico y militar en territorio venezolano, a menos de treinta kilómetros de sus fronteras, como lo expresó el jueves 22 el embajador colombiano ante la OEA, Luis Alfonso Hoyos, quien realizó la presentación de un amplio dossier con “unas coordenadas precisas, datos muy contundentes” que demostrarían presencia de las guerrillas colombianas en Venezuela.
La tensión entre los dos países resurgió días antes, cuando el diplomático denunció “la presencia consolidada, activa y creciente de estas bandas del terrorismo en el hermano país de Venezuela”. Hugo Chávez advirtió visceralmente, que una nueva acusación o declaración de que su gobierno estaba apoyando a la guerrilla colombiana, significaría la ruptura inmediata de relaciones. Y Chávez ya cumplió. El Presidente electo de Colombia, Juan Manuel Santos Calderón, por su parte, realizó una gira por varios países latinoamericanos (México, Panamá, Chile, Perú y Argentina), con el objetivo de tender puentes para la construcción de un acercamiento con el Hemisferio Occidental, del que ese país se distanció sensiblemente durante el gobierno de Álvaro Uribe.
Ante la ruptura de relaciones de Venezuela con Colombia, hay que recordar que Hugo Chávez y Álvaro Uribe desde el año 2000 tuvieron serios roces diplomáticos. Los gobiernos de Caracas y Bogotá mantuvieron una tensa relación bilateral, pero sin llegar a romper relaciones, como sucedió ahora. En este contexto es que las recientes acusaciones de Uribe cobraron “sutil” relevancia. Él entrega hoy el poder a su delfín, Juan Manuel Santos, quien emitió declaraciones favorables de distensión con Venezuela. Es más, hasta invitó a Chávez a su ceremonia de asunción. ¿Por qué Uribe lanzó esa “papa caliente” a Santos? Para Santos Calderón, la denuncia del gobierno de su “maestro” de presunta radicación de altos jefes guerrilleros de las FARC en territorio venezolano, resultó más que inesperada, comprometedora.
La “revelación” a unos días de la ceremonia de toma de posesión lo metió en un gran aprieto: por un lado, la pregunta obligada ha sido cuál era la verdadera intención del gobierno de dar a conocer dicha información. Por otro, si es verdad que se conocía desde hacía por lo menos cinco años, Santos entonces tendría conocimiento de ello, ya que antes de ser candidato era el ministro de Defensa.
La pregunta obligada es: ¿cómo administrará el nuevo huésped del palacio de Nariño el conflicto con Venezuela? Si en realidad quiere una real distensión con Hugo Chávez, como lo estableció después de su triunfo, ¿deberá retirar la denuncia o acaso se atreverá a negar la “información” que presentó Hoyos en la OEA de la que él seguramente sabía de su existencia? El daño se hizo en un momento crucial para apoyar a la deteriorada imagen política de Chávez al interior de Venezuela, por los incalculables daños cuantitativos y cualitativos que ha ocasionado a su población, donde su programa de gobierno bolivariano solamente ha generado “abundancia de escasez” reflejada en: racionamiento de energía eléctrica, racionamiento de agua, escasez y pecaminoso desperdicio de víveres, galopante inflación superior al 35 por ciento, devaluación de la moneda, etc., Chávez podrá ofrecer ahora a los patriotas venezolanos “Pan, Circo y Guerra”, con tal de permanecer en el poder.
Y ¿por qué no también un suculento Servicio Militar Obligatorio (SMO)? Al fin que tiene en Nicaragua y Cuba excelentes asesores con vasta experiencia en estos sangrientos menesteres.
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