Francisca ahora tiene una casa donde vivir dignamente, sin embargo enfrenta muchas dificultades para sobrellevar la enfermedad que la tiene postrada en un silla de ruedas. LA PRENSA/CORTESÍA

Urge ayuda para pequeña de Masaya

“Gracias a Dios ya no me cubriré con plástico para que no me caiga la lluvia cuando duermo”, fue la primera frase de Francisca Calero, de 11 años de edad, quien se encuentra postrada en una cama debido a la Artritis Reumatoide juvenil que le diagnosticaron hace año y medio.

“Gracias a Dios ya no me cubriré con plástico para que no me caiga la lluvia cuando duermo”, fue la primera frase de Francisca Calero, de 11 años de edad, quien se encuentra postrada en una cama debido a la Artritis Reumatoide juvenil que le diagnosticaron hace año y medio.

Francisca y sus padres son parte de las 104 familias que tendrán un lugar digno para vivir, gracias a la organización Un Techo Para Mi País y a la voluntad de un grupo de jóvenes estudiantes de la Universidad Americana (UAM) que colaboran para mejorar las condiciones de vida de centenares de nicaragüenses.

Francisca ha crecido en una casa forrada de plásticos, cartón, soportadas en troncos; sus bienes son dos camas y una tijera y ahora una silla de ruedas. Su familia, como otras que habitan en el barrio Panamá, del municipio La Concepción, Masaya, apenas tiene lo justo para la alimentación.

Iker Luna, arquitecto graduado de la Universidad Americana (UAM) y jefe de cuadrilla, junto con otros estudiantes se dieron a la tarea de hacer realidad uno de los sueños de la pequeña Francisca. “Sabemos que construir una casa no viene a resolver sus problemas más profundos, la casa es un primer paso. Nosotros ganamos igual o más que las familias beneficiadas, porque es que aquí en estos lugares y con este tipo de historias que somos conscientes de nuestra realidad”, afirmó Luna.

TRATAMIENTO CARO

Según un estudio realizado por Un Techo Para Mi País, la familia de Francisca tiene un ingreso mensual de 1,200 córdobas y el tratamiento que la niña necesita para poder caminar y aliviar los dolores que le provoca la artritis cuesta más de 3 mil córdobas semanales.

“Yo trabajo en el campo, me pagan 50 córdobas al día, mi señora dejó de vender frutas porque tiene que atender a la niña, que necesita mucho cuido, a veces ni para la comida tenemos porque cada centavo que agarramos es para comprar algún medicamento para la niña, porque sufrimos verla con sus dolores”, cuenta don Juan Calero, papá de Francisca.

La artritis reumatoide juvenil (ARJ) puede ocurrir en los niños hasta los 16 años de edad.

Provoca inflamación y rigidez en las articulaciones y algunas veces disminución de la movilidad, como es el caso de Francisca.

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