Cartas al Director

Futuro

“El futuro está oculto detrás de los hombres que lo hacen”. Anatole France (1844-1924) escritor francés.

Candidato único

Através de este Diario LA PRENSA y como ciudadana consciente que desea que Nicaragua vuelva a ser República felicito y doy todo mi apoyo a la pre-candidatura a la Presidencia 2011, lanzada por Eduardo Montealegre, diputado liberal del Movimiento Vamos con Eduardo (MVE), en el Centro Recreativo El Bosque, en una asamblea partidaria efectuada en Managua, el pasado 25 de julio.

Durante dicha concentración, Montealegre aseguró que él está seguro de lograr la unidad de toda la oposición y de regresar la esperanza de un país mejor para todos los nicaragüenses, “voy a participar en las elecciones primarias para preguntarle al pueblo demócrata si quiere que Eduardo Montealegre sea el candidato único de la oposición, y como demócrata que soy, me voy a someter a lo que el pueblo diga”, anunció.

A la proclamación asistieron diputados de la BDN y representantes de las dos facciones del Partido Liberal Independiente (PLI), del Partido Conservador (PC) y de otros grupos partidarios. Aunque Edmundo Jarquín, coordinador político del Movimiento Renovador Sandinista (MRS), no asistió pero envió una carta expresando su solidaridad con “el esfuerzo” de Montealegre y sus simpatizantes “para que en Nicaragua exista una alternativa política al pacto antidemocrático y corrupto que ha hecho posible el proyecto dictatorial de Daniel Ortega”.

Montealegre presentó planes “para rescatar la democracia y evitar la consolidación del orteguismo”.

Mucho éxito en la realización de estos planes y esfuerzos le deseo a nuestro candidato único.

Esmeralda Cardenal

Es tiempo de luchar

Dos veteranos ticos paseaban por la ciu- dad turística de Matagalpa, los encontré en el Parque Darío, nos identificamos y los invité a la cafetería Cardoza. Disfrutábamos una taza de café cuando el más veterano comenzó a recordar los viejos tiempos cuando miles de ticos venían a cortar café, caña de azúcar o algodón, ganaban su buena plata en esa temporada de zafra y regresaban a Costa Rica llevándose los córdobas porque la moneda nicaragüense era la más sólida y aceptada en toda Centroamérica.

La conversación histórica podía ser buena pero da coraje descubrir que tenemos 31 años de retroceso, ya miles de hermanos nicas han salido del país en busca de sobrevivencia, sufren muchas calamidades y grandes humillaciones teniendo ellos su propio país con las tierras más fértiles de la región, con los mejores recursos naturales, la tierra que con más amor diseñó nuestro Dios para que la disfrutemos.

El actual desgobierno promueve la inmigración, según ellos, se van los descontentos y se obtiene un doble triunfo; se terminan los reclamos y los quejosos mandan remesas a sus familias, cumpliendo con los sueños de Tomás Borge, “construiremos el socialismo con los dólares del imperialismo”.

Ya es tiempo de luchar, si terminamos con una dictadura de 45 años se puede terminar con esta que tiene 31. Nuestro Dios ya nos habló en sus proverbios: “El gobernante falto de juicio es terrible opresor”.

Leopoldo Villalta López

Casinos en Matagalpa

Al paso que vamos la norteña ciudad de Matagalpa se va a convertir muy pronto en Las Vegas de Nicaragua, debido a que cada día se abren más y más casinos por doquier en esta cabecera departamental. Tal situación está poniendo en peligro la muy buena economía de muchas familias, pues algunos miembros de las mismas se están convirtiendo en ludópatas para así llevarlas a la gran quiebra.

Estos casinos deben ser regulados por el Ministerio de Gobernación, porque en su gran mayoría están abiertos las 24 horas del día, lo cual está provocando grandes problemas a la sociedad matagalpina.

Salvador Pérez González

 

La importancia de cuidar

Para muchas personas, el período de va caciones es tiempo de desconectarse de las tareas ordinarias, de las rutinas y de las responsabilidades.

Pero hay un colectivo al que las vacaciones no suelen llegarle. Ni tampoco la jubilación. Se trata de quienes realizan tareas de cuidado, tan necesarias y a la vez tan invisibles.

Ya Virginia Woolf escribió al respecto: “Porque todas las cenas están cocinadas, todos los platos y tazas lavadas; los niños han sido enviados a la escuela y se han abierto camino en el mundo. Nada queda de todo ello. Todo se ha desvanecido. Ni las biografías ni los libros de historia lo mencionan. Y las novelas, sin proponérselo, mienten”.

El trabajo de cuidado no es sólo tareas domésticas. Además de su contenido material, conlleva una riqueza de intercambios y matices difícilmente reflejables en una lista. La convivencia, la crianza, el apoyo a la diversidad funcional y el cuidado de personas mayores y enfermos, temporales o crónicos, exigen fundamentalmente tiempo. No me gustaría presentarlo como algo penoso, porque también es fuente de satisfacción. O, mejor dicho, podría serlo, si la organización social fuera más acorde con nuestra condición de especie vulnerable.

Desde un pensamiento que pugna por una cultura de paz, se subraya el déficit que arrastra una tradición histórica, la nuestra, en la que la ciudadanía va ligada a la propiedad y al servicio de armas, pero no al cuidado afectivo y material que sostiene la vida. Por eso es un acierto que, en España, el Ayuntamiento de Zaragoza haya desplegado una campaña de publicidad con paneles que muestran un hombre o una mujer diciendo: “Yo soy cuidadano”, “Yo soy cuidadana”. Magnífico. Por primera vez, veo proyectada públicamente la idea de que el cuidado nos hace ciudadanos. No sólo votar o participar en la producción y pagar impuestos.

En cuanto a la ley de la dependencia, siendo un paso no despreciable, no deja de ser un paliativo. Sólo hace visibles los casos extremos. Pero no apunta en la dirección de reestructuración de fondo, al modo en que reclama la economía crítica: la conceptualización e incorporación de los espacios de cuidado al análisis económico y la organización de la sociedad. Mientras tanto, sin valoración social y sin estructura de reparto y relevo, quienes se hacen cargo de las tareas de cuidado seguirán sin vacaciones.

Carmen Magallón

Directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz

Superviviente del aborto

Sarah Smith nació con una malformación tremenda: una dislocación bilateral en la cadera. Sus piernas se cruzaban en forma de X sobre su abdomen. Ello la obligó a someterse a dolorosísimas operaciones durante toda su vida. Además, sueña muchas veces que se encuentra en total oscuridad, en un espacio limitado…

En 1970, era el sexto embarazo de Betty Smith. Su ginecólogo la felicitó por su embarazo. Pero ella, lo cortó: “Quiero abortar”. Con el mismo tono que la felicitó, la animó a llevar a cabo el aborto.

Estaba harta de que la llamaran coneja, un apodo que le habían puesto sus amigas, también esposas de pastores evangélicos.

Además, no estaba dispuesta, en ese momento, a tirar por la borda un trabajo que había conseguido tras mucho esfuerzo, para poder sacar adelante a su larga familia.

Y finalmente acudió, en el día de Acción de Gracias, al abortorio. Recordaba, más tarde, que los médicos hablaban de tejidos, de carne… Y aunque ella sabía que no era así, siguió adelante con el aborto, debido a la fuerte ofuscación mental que tenía.

Tras la “operación“, una de las enfermeras le preguntó: “¿Tiene usted otros niños?” Fue una frase que la impactó, porque no le preguntó si tenía niños, sino si tenía otros niños, lo que indicaba que le habían matado a su hijo.

Al cabo de las semanas… ocurrió. Notó que dentro de ella había algo más. El médico le dijo que lo que pasaba es que había tenido gemelos y que uno de ellos había sobrevivido al aborto.

El médico se extrañaba de que hubiera un superviviente tras la eliminación de la placenta. Esa niña es Sarah.

El sueño del que hablaba al principio, consistía además en que Sarah se comunicaba con su hermano eliminado, y de repente aparecía un torrente de luz, y con la cara aterrorizada. Ve que algo lo absorbe, lo saca fuera, y ella se protege, yéndose a una esquina del espacio, pero se encuentra aterrorizada, sabe que luego va ella…

José Antonio Calvo Baena

 

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