ZONA DE STRIKES
La Selección Nacional de Beisbol, que es capaz de la gesta más heroica y luego tornarse en una incongruencia de la peor calaña, agregó ayer un brillante capítulo a su extenso historial de contrastes, al atrapar la medalla de bronce en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Mayagüez, Puerto Rico.
Es una victoria legítima por donde se le vea, para un grupo de muchachos que se atrevieron a ir a competir a un torneo serio sin la preparación adecuada, y también para unos fanáticos que, a pesar de su oscilante lealtad, no le pierden pie ni pisada a un equipo capaz de hacerte sufrir y sonreír casi en la misma proporción.
Ésta es una medalla que se forjó a puro coraje, con más agallas que clase, por unos atletas que a pesar de las fallas estructurales, la inexistencia de planificación, y sobre todo de la miopía que afecta a la dirigencia deportiva en general, no rehuyeron a su compromiso y revirtieron los pronósticos a base de garra.
Me han causado una profunda admiración la eficacia de Jimmy González, la determinación de Diego Sandino, la recuperación de Julio Ráudez y la irrupción de Janior Montes, al igual que cada impulso ofrecido por el resto de jugadores sin cuyo aporte la medalla se habría escapado. Han sido un equipo en el sentido literal del concepto.
Sin embargo, es importante no perder el enfoque. Esa medalla no puede llevarnos a crecer que el beisbol anda bien. No. Hay mucha improvisación. Y no siempre el coraje va a ser capaz de compensar carencias originadas por el desorden. Lo que se hizo en Mayagüez es loable, pero las circunstancias que rodearon al equipo no pueden seguir convertidas en un estilo de trabajo.
Aprovechemos mejor este momento tan emotivo para replantear el futuro del beisbol. Es más fácil conseguir el respaldo a través de recursos e ideas después de una victoria que ante una derrota. Las victorias contagian, congregan. Los reveses ahuyentan, desaniman. Así que el punto es sacarle brillo a la medalla.
Me alegra la victoria también por Davis Hodgson y su grupo de técnicos, cuya habilidad para ganar se había puesto en duda. Pero es que hay ocasiones en las que, más que el esfuerzo, es el resultado el que cuenta. Y para ellos, éste era el momento.
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