Si hay una persona que conoce los problemas de Managua porque ha recorrido todos los barrios y asentamientos de esta gran ciudad capital es Eduardo Montealegre, a quien se le ha visto recorrer los 4 puntos cardinales y palpar las necesidades de cada uno de los habitantes de esta ciudad.
Lo hizo en la campaña municipal del 2004, cuando apoyó mi candidatura para alcalde en aquella campaña edilicia. Luego lo hizo en la campaña presidencial del 2006, cuando obtuvo por un margen muy alto el segundo lugar, muy cerca del candidato del Frente y superando con creces al que obtuvo el tercer lugar. Y lo hizo nuevamente en la campaña municipal del 2008, cuando la mayoría de los managuas lo eligió alcalde por más de 20,000 votos de diferencia que están documentados en las más de 600 actas, que el Consejo Supremo Electoral se robó y prefirió no contar.
Eduardo supo unir entonces, bajo una casilla liberal, a personas de diversos signos políticos y eso fue lo que le dio la victoria, una victoria que como en otras alcaldías, fue truncada por el robo descarado del Consejo Supremo Electoral.
Eduardo demostró que une, primero a los liberales y después a los independientes y a los ciudadanos de otras ideologías que confían en su capacidad, su honestidad y sus principios democráticos: Eduardo une a los demócratas.
El costo personal de su gesta al frente de la oposición estos últimos años ha sido muy alto, porque Eduardo no se ha doblegado ni ha transado. Ha sido vilipendiado, calumniado y acusado. Ha sido amenazado él y su familia. Pero eso no lo ha amilanado. Su “pecado” ha sido ser tenaz y perseverante en la defensa de los principios democráticos.
Es por eso que estos mismos ciudadanos de Managua, que le han acompañado a recorrer las calles de sus barrios bajo la lluvia, o bajo el fuego de morteros y pedradas, le han lanzado un nuevo reto.
Este gran Movimiento Vamos con Eduardo no tiene personería jurídica, pero tiene una gran fuerza electoral como lo ha demostrado en el pasado y quedará demostrado ante la historia, en las elecciones del 2011, que tendrán lugar con un Consejo Supremo Electoral imparcial, que restituya la confianza en esta institución y en la institucionalidad democrática de la nación, que ha sido tantas veces avasallada durante el actual Gobierno.
Nicaragua necesita soluciones, particularmente los problemas económicos que enfrenta y Eduardo tiene las soluciones, porque tiene la capacidad de resolver los problemas. En este campo, Eduardo no necesita carta de presentación porque su trayectoria, en todos los cargos que se ha desempeñado, tanto en el sector privado, como en el sector público, es una trayectoria de éxito. El reto que le lanzamos ahora a Eduardo es de tres etapas:
Primero que continúe liderando la batalla en el parlamento hasta lograr la elección de un Consejo Supremo Electoral que le devuelva la credibilidad al electorado, que garantice un proceso electoral limpio, transparente y democrático, como cuando estuvo al frente de ese organismo el doctor Mariano Fiallos Oyanguren.
En segundo lugar, que nos conduzca primero a la unidad de todas las fuerzas opositoras, para que no volvamos a cometer el error de la división que tanto nos ha costado y sepa también, a partir de esa unidad, conducirnos a la victoria electoral en noviembre del 2011.
La tercera parte del reto, y quizás la más difícil, es que desarrolle un proyecto de nación que le devuelva a Nicaragua el progreso y su viabilidad económica, así como la institucionalidad democrática, tan erosionada bajo el actual gobierno orteguista.
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