Por Fabián W. Waintal.- Si los títulos de nobleza existieran en Hollywood, Annette Bening debería llevar la corona, desde hace tiempo. Más allá de pertenecer a la “realeza” del cine, teniendo como esposo a Warren Beatty y una cuñada como Shirley MacLaine, con tres nominaciones al Oscar, Annette demostró cualidades propias con cada una de sus películas. Sin botox ni cirugías estéticas, lleva con orgullo los 52 años que cumplió el 29 de mayo, con un rostro que incluso está grabado en el logo de Columbia Pictures, porque según cuenta la leyenda; se inspiraron en ella al dibujar la “noble” señora que aparece al principio de tantas películas de Hollywood.
::: ¿Cuál es la verdadera historia detrás de la vieja leyenda sobre el parecido entre usted y la mujer que aparece en el logo de Columbia Pictures?
Es muy gracioso, porque un día, yo estaba en un evento con mi esposo (Warren Beatty) y alguien que había trabajado con el logo de Columbia Pictures me dijo que me habían usado a mí para el diseño. Le agradecí, porque me pareció todo un halago. Pero cuando lo comenté a la prensa, alguien más que también había trabajado en el tema dijo que yo no era. Hasta del estudio me llamaron para confirmar si era verdad que yo estaba diciendo algo así y en ese entonces les dije: “Estoy segura que el señor que me lo dijo, tenía razón”. Pero me plantearon que podía ser mi hermana, mi prima o algo así. Así que ni yo sé la verdad. No sé… porque incluso en esa época creo que usaban los ojos de una persona y la sonrisa de otra, así que la verdad es un misterio.
::: ¿Y qué es lo primero que pasa por su mente, al principio de una película, cuando aparece el logo de Columbia Pictures, con alguien tan parecida a usted? ¿Se ve usted misma?
No, enseguida me acuerdo de esa historia. Es lo que pienso cada vez que la veo. Es como si volviera la frase de esa persona que dijo que me había usado y los otros que dicen que no soy yo, que no debería decir algo así. Por eso no sé la verdad.
::: ¿La fama y el estilo de atención cambia con el paso del tiempo? ¿Piensa que las grandes estrellas de Hollywood de otras épocas sobrevivirían hoy a la lluvia de paparazzis y los medios sociales como Twitter o Facebook?
No lo sé. Cuando recién empezamos a estar juntos, con mi esposo (Warren Beatty) o cuando estaba embarazada, los fotógrafos nos perseguían por todas partes. Y obviamente, hay gente que también cultiva ese estilo de atención. A veces los fotógrafos se vuelven increíblemente entrometidos. Ahora es más fácil, porque no nos persiguen tanto y hoy ya sé cuándo me van a sacar una foto. Por eso, no es tan traumático. Pero debe ser una pesadilla para quienes los persiguen todo el tiempo. Es horrible. Yo lo viví un poco, pero tampoco fuimos muy escandalosos por mucho tiempo (ríe), porque enseguida nos casamos y tuvimos un bebé.
::: ¿Sigue estando en contra del botox y las cirugías estéticas? ¿Qué opina cuando, por ejemplo, aparece en una revista la foto de alguien famoso, con celulitis?
¿Eso pasa de verdad? Yo pensaba que mejoraban las fotos y cosas así. Ya no salgo tanto. No tengo demasiado para decir en ese sentido. Yo nunca busqué la fama, sólo quería ser actriz de teatro. Recién después de la Universidad, se me ocurrió hacer cine. Me acuerdo que llegué a pensar: “Alguien tiene que estar en las películas, a lo mejor puedo hacerlo, en algún momento”. Yo nunca me imaginé que podía ser una actriz de cine, no era lo que ambicionaba. Todo llegó de sorpresa. Yo no hice ninguna película hasta que tuve casi 30 años y en ese sentido, estoy agradecida porque primero tuve la oportunidad de ser adulta en el mundo real.
POR AMOR AL TEATRO
La más jovencita de cuatro hermanos, Annette Francine Bening nació en Topeka, Kansas, aunque la familia enseguida se mudó a California, cuando el padre consiguió un mejor trabajo en una compañía de seguros de San Diego. Como ella misma cuenta, la actuación llegó por amor al teatro y en la escuela secundaria ya lo había experimentado como la protagonista de la comedia musical The Sound of Music’.
Por un tiempo también trabajó como chef de un barco de fiestas del Océano Pacífico, al mismo tiempo que tomaba clases de buceo. Pero insistió con las clases de drama, en la Universidad Estatal de San Francisco y el Conservatorio de Teatro Americano local, antes de mudarse a Nueva York, en busca de un mejor futuro con las obras de Broadway. Así fue como también la nominaron al premio Tony (el Oscar del teatro) con la obra Coastal Disturbances, poco tiempo antes de entrar al mundo del cine con el rol de Kate Craig, en la película The Great Outdoors, con Dan Aykroyd y John Candy. Con la película The Grifters’, la nominaron al Oscar como Mejor Actriz de reparto, el mismo año que ganó Whoopi Goldberg por Ghost.
Y siguiendo el cine del mejor nivel, Annette Bening apareció como el gran amor del mafioso fundador de Las Vegas, “Bugsy”, enamorándose también en la vida real del protagonista, Warren Beatty. Embarazada del primero bebé, tuvo que dejarle a Michelle Pfeiffer el papel de Catwoman de Batman Returns y cuando le faltaban apenas semanas para la fecha de parto, disfrutó la segunda nominación al Oscar por American Beauty. Hilary Swank ganó ese año por la película Boys Don’t Cry, de la misma forma que volvió a ganar por Million Dollar Baby, justo en la misma temporada que Annette Bening había recibido una tercera nominación al Oscar, por la película Being Julia.
Sin un Oscar (todavía), al menos fue reconocida por su prestigio, en el 2006, con una estrella que lleva su nombre en el Paseo de la Fama de Hollywood, aunque el mejor premio que tiene hoy son sus cuatro hijos Kathlyn, Benjamin, Isabel y Ella.
::: Me acuerdo que nos cruzamos en la entrega del Oscar, aquella vez que estaba embarazada de su primera hija con Warren Beatty, la misma noche que la habían nominado por American Beauty. ¿Con tantas emociones no estuvo a punto de parir en medio de la ceremonia?
¿Sabes que todavía me acuerdo lo que sentía? Por supuesto, no hay nada como tener un bebé adentro del estómago. Es la sensación más increíble que pueda haber, pero me causa gracia que lo menciones porque, de verdad, todavía puedo acordarme cómo se movía el bebé, con tanta adrenalina. Imaginate: faltaban apenas dos semanas para el parto.
::: ¿Además del embarazo y la nominación al Oscar, Warren Beatty también había recibido un premio, esa misma noche?
Sí, mi esposo recibía el Premio Thalberg y había sido el año de American Beauty que también ganó como Mejor Película. Era demasiado. Me acuerdo muy bien del sentimiento y la adrenalina, porque el bebé no dejaba de moverse y ya era bastante grande. Tenía como nueve libras. Caminar por la alfombra roja del Oscar no es lo que precisamente me hubiera gustado hacer con nueve meses de embarazo.
::: ¿En su vida ya se despertó en la mitad del sueño o sigue soñando cada vez más? ¿Diría que cumplió todas las metas que se propuso en su carrera?
Siento que tengo mucha suerte. De verdad, yo sólo quería ser actriz de teatro, nada más. Y pude lograrlo enseguida, cuando recién empezaba. Fui a un conservatorio, estuve en una compañía de repertorio… mi heroína era Eva LeGallienne, que ni siquiera debes conocerla, pero es una actriz de teatro grandiosa que creó su propia compañía y escribió autobiografías muy graciosas. Mi sueño era subirme a un escenario. La única actriz de cine que idolatraba era Julie Andrews, porque la había visto en The Sound of Music. Y yo tampoco iba demasiado al cine. Me había enamorado del teatro después que fui a ver una obra de Shakespeare, justo antes de la escuela secundaria. Me tomó demasiado tiempo sentir que era actriz de cine. Durante mucho tiempo, sentí que era una actriz de teatro que pretendía ser una actriz de cine. No me sentía cómoda en un estudio. Sonaba raro estar tan cerca de la cámara, hablando tan despacio. Y ahora lo amo, me encanta trabajar delante de una cámara. Pero todavía me siento muy, pero muy afortunada. Amo lo que hago y tampoco trabajo demasiado, así que puedo ir y disfrutarlo por completo, porque a veces también es bueno salir de casa.

::: ¿En qué momento de su carrera dejó de sentirse incómoda con el cine?
Ya había trabajado con Milos Forman, con mi segunda película y él me enseñó demasiado sobre ese estilo de actuación, con sólo decir “no, no, no, no”. Era la película Valmont y todos teníamos trajes de época. Y él me enseñó mucho. Para cuando llegó la película The Grifters, tuve momentos donde aprendí a amar la cámara. Especialmente ahora, que todavía hago teatro, aprecio la cámara que está ahí al lado, sin tener que trabajar para que me escuchen porque la atención me llega a mí. Es como si tuviera que invitarla, en vez de sentir que tengo que buscarla.
::: ¿El miedo más grande que tiene…?
Nunca te lo diría. Ése es mi más grande miedo, exponerlo al mundo entero.
::: ¿Ya no se pone nerviosa antes del primer día en una nueva película?
Yo siempre me siento insegura cuando trabajo. Me acuerdo cuando recién empezaba, en las primeras películas que hice con Mike Nichols, me ponía demasiado nerviosa cuando llegaba al estudio y Harrison Ford era la gran estrella. Para ese entonces, yo había hecho otras películas, pero seguía sintiéndome una principiante y ellos igual comentaban lo nerviosos que estaban. Yo no podía creer que estuvieran nerviosos. Yo era la que estaba así. Yo merecía estar nerviosa. Y a medida que pasa el tiempo, sigo sintiéndome igual, porque con la actuación en cine no importa que yo sepa lo que tengo que hacer, no importa cuando esté lista. Necesito estar preparada cuando las luces estén en su lugar, cuando sea la hora, recién cuando todo esté listo. Y en el momento en que dicen “Acción” se siente la presión, es la única oportunidad que te dan. El cine es como encender velas adentro de una botella. Y siempre trato de sorprender, aunque parezca ridículo que pueda lograrlo, trato de buscar lo inesperado. Y de ahí vienen los nervios, pero se aprende a vivir así, porque hay que hacer lo que hay que hacer. Siempre hay que seguir adelante.