Haciendo lo que quiere Chávez

El Presidente de Honduras, Porfirio “Pepe” Lobo, declaró a la prensa que “el Presidente (de Nicaragua), Daniel Ortega, dice… pero hablamos con frecuencia, en el fondo sé que en su corazón quiere que todos estemos unidos los centroamericanos y vamos a estar juntos todos los centroamericanos”.

Lobo se refería de esa manera al rechazo público de Daniel Ortega a la decisión tomada el martes de esta semana por los presidentes de Panamá, Costa Rica, El Salvador y Guatemala, en la Cumbre Centroamericana que se realizó en la capital salvadoreña, de reinsertar a Honduras en el Sistema de Integración Centroamericana (SICA) del que había sido excluida en junio del año pasado, a raíz de la destitución del ex presidente Manuel Zelaya.

Para algunos observadores ese comentario del presidente Lobo ha sido una demostración de cordura diplomática, propia de un estadista, que contrasta con la exaltación de agitador populista con la que el gobernante de Nicaragua se ha referido a temas de tanta seriedad como la Integración Centroamericana y la reincorporación de Honduras al SICA.

En realidad, de las palabras del primer mandatario hondureño y particularmente del énfasis que puso en la aseveración, de que habla frecuentemente con Ortega y conoce lo que éste realmente piensa, se deduce que Lobo interpreta muy bien que el gobernante de Nicaragua —famoso por decir una cosa y hacer lo contrario—, en el fondo está de acuerdo con la reintegración de Honduras al sistema comunitario centroamericano, pero no lo puede reconocer porque se lo impide una fuerza superior. Y esa fuerza no puede ser otra que la del Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien mediante la colaboración petrolera financia no sólo los sectarios programas sociales del régimen orteguista sino también el enriquecimiento rápido y desmesurado de la familia gobernante y la cúpula que la rodea y sostiene en el poder.

Está claro que la destitución del ex presidente hondureño Manuel Zelaya ha sido la derrota estratégica más importante del proyecto expansionista del socialismo del siglo XXI, que es impelido por Hugo Chávez. Por eso es que Chávez no reconoce la normalización democrática de Honduras ni al gobierno legítimamente constituido del presidente Porfirio Lobo, y Daniel Ortega lo secunda sumisamente. De manera que el rechazo de Ortega a la decisión de la Cumbre de Presidentes Centroamericanos, de reintegrar a Honduras en el SICA, es insostenible porque se basa en dos grandes falsedades y un motivo político o ideológico.

La primera falsedad es la de que los presidentes centroamericanos no podían decidir el reingreso de Honduras al SICA, en la Cumbre de San Salvador, porque para eso, según Ortega, “tiene que haber unanimidad, si no la hay, pues sencillamente no se pueden tomar esas decisiones”. Pero lo que dice el Artículo 14 del Protocolo de Tegucigalpa a la Carta de la Organización de Estados Centroamericanos (ODECA), el cual regula las reuniones de los presidentes, es que sus decisiones “se adoptarán por consenso”. No dice unanimidad, ni advierte que si falta alguno de los presidentes los demás no pueden decidir.

La segunda falsedad de Ortega en este caso, es que el gobierno del presidente Porfirio Lobo no es legítimo, porque surgió de elecciones convocadas por el gobierno “de facto” de Roberto Micheletti.Sin embargo todo el mundo sabe que las elecciones del 29 de noviembre de 2009, en las que el pueblo hondureño eligió a Lobo como su Presidente, fueron convocadas durante el gobierno de Manuel Zelaya, quien después fue destituido por haber violado la Constitución de Honduras precisamente al querer introducir en el plan electoral una cuarta urna, con el propósito de procurar su reelección, lo cual en ese país es un delito constitucional de extrema gravedad.

Por otro lado, el motivo político o ideológico en que se basa el rechazo de Daniel Ortega a la decisión legítima de los presidentes centroamericanos, de reincorporar Honduras al SICA, es su adhesión al proyecto del socialismo del siglo XXI que impulsa Hugo Chávez con los recursos petroleros de Venezuela. Pero más que adhesión ideológica es una obligación política la que tiene Daniel Ortega, de secundar la estrategia expansionista de Hugo Chávez en Nicaragua y Centroamérica por aquella simple, antigua y bien conocida razón, de que quien paga la fiesta es el que pone la música; es decir, que si el régimen de Daniel Ortega se financia con los recursos petroleros de Venezuela, tiene que hacer lo que Hugo Chávez diga y disponga. Tan claro como eso.

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