Las encuestas, independientemente de lo que piensen y digan de ellas los políticos, sirven como instrumentos para explorar la opinión de la gente sobre complejos problemas sociales. Tal es el caso de la última encuesta de la firma M&R Consultores, que ha sido publicada por LA PRENSA durante la presente semana, la cual revela que actualmente los problemas que más preocupan a los nicaragüenses son la desocupación (34.1 por ciento) y la pobreza (26.8 por ciento), que suman entre ambos el 60.9 por ciento.
En menor grado los nicaragüenses declaran como motivos de su preocupación: el encarecimiento de la vida, 11.1 por ciento; la delincuencia, 8.5 por ciento; los problemas políticos, 7.9 por ciento; y finalmente la corrupción, que preocupa apenas al 5.8 por ciento de las personas encuestadas y, por extensión, de la población en general.
La poca importancia que dan los ciudadanos a la corrupción (5.8 por ciento), así como a los problemas políticos que según la encuesta sólo preocupan a un 7.9 por ciento de los nicaragüenses, en contraste con la elevada preocupación que motivan la pobreza y el desempleo, demuestra que la gran mayoría de la gente no vincula estos problemas económicos y sociales con la corrupción gubernamental y la falta de gobernabilidad democrática que sufre el país actualmente.
Se dice que la corrupción es un problema o un defecto de la naturaleza humana, el cual ha afectado toda la vida y siempre va a afectar a la sociedad y a las naciones, en todas partes del mundo. En general esto es cierto. Pero una cosa es que haya actos de corrupción que se cometen de vez en cuando y son debidamente denunciados y los corruptos castigados por la ley y la justicia, y otra completamente distinta y además sumamente peligrosa, es que —porque se trata de un defecto humano y por lo tanto inevitable— la corrupción sea institucionalizada y que se permita que los corruptos actúen impunemente. Y peor aún es que se premie a los corruptos, aclamándolos como caudillos y eligiéndolos o reeligiéndolos como gobernantes. Si esto ocurre es porque la sociedad y el país han caído en un “estado de corrupción”, es decir, lo que Nicaragua es actualmente o está a punto de ser bajo el régimen autoritario y corrupto de Daniel Ortega.
El mismo día que LA PRENSA publicó los datos de la encuesta de M&R Consultores sobre las preocupaciones más importantes de los nicaragüenses, o sea ayer jueves 15 de julio corriente, las principales informaciones del Diario se referían a escandalosos hechos gubernamentales o ligados al Gobierno. Uno de ellos es el de las casas de mala calidad construidas por empresas privadas vinculadas al Gobierno y financiadas con dinero del Seguro Social. Otro, el contrato al margen y en contra de la ley que hizo la Empresa Nacional de Puertos con empresas privadas coreanas, para construir un puerto en aguas del Caribe al costo de 500 millones de dólares, o sea 200 millones más que la valoración de ese proyecto hecha por el Ministerio de Transporte e Infraestructura (MTI).
Pero esos casos son apenas la punta del enorme iceberg de la corrupción. Son sólo dos de los muchos escándalos que han sido denunciados públicamente —ante todo la privatización de la cuantiosa cooperación externa venezolana—, fomentados por el Gobierno y tolerados complacientemente por el órgano de control del Estado, el cual, igual que todas las demás instituciones estatales opera al servicio de Daniel Ortega, el FSLN y la cúpula gobernante.
Un país carcomido por la corrupción gubernamental, donde además se ha quebrantado el Estado de Derecho y no hay gobernabilidad democrática es sin duda un Estado fallido, de acuerdo con la calificación técnica y política internacional. Los datos de la encuesta de M&R Consultores no hacen sino retratar a Nicaragua como un país que, o ya es fallido o está fallando peligrosamente.
Y lo más lamentable es que la gran mayoría de la población no percibe que la desmesurada corrupción gubernamental es causa de que falten empleos y aumente la pobreza; que los millones de dólares que de múltiples maneras se llevan a la bolsa los corruptos, son recursos que se quitan a la inversión pública y privada, a las escuelas y hospitales, a las pensiones y subsidios del Seguro Social, a la construcción y reparación de carreteras, caminos y calles, etc., etc. Y así, mientras los corruptos tranquilamente se hacen cada vez más ricos, los preocupados y empobrecidos nicaragüenses se están haciendo más pobres todavía.
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