Se se dice que revolución es fuente de derecho, pero la secesión también lo es. Y suele suceder que ambos aspectos que aparentemente buscan un nuevo sendero de justicia, desafían las normas del derecho y en lugar de usar argumentos hablan las metralletas.
Un pariente, que después de 1979 emigró a EE.UU. vino de visita y me comentó los sufrimientos de él y su esposa, cuando en los últimos meses del año mencionado su única hija se casó “por las armas” con un combatiente sandinista. Ni siquiera era un matrimonio civil sino un adefesio del supuesto “derecho revolucionario”.
Por otra parte, a principios de 1980 la Dirección General de Cooperativas del Ministerio del Trabajo realizó un Seminario denominado “Carlos Fonseca Amador”, cuyo objetivo era convertir la esencia democrática cooperativa en un apéndice revolucionario en contraposición de los principios del cooperativismo que siempre han excluido la gestión política y la segregación racial, religiosa y étnica.
Se comenzó a crear cooperativas a diestra y siniestra llegando a tener, en menos de 24 meses, alrededor de 4 mil pseudocooperativas. Posteriormente promulgaron una excluyente Ley de Cooperativas Agropecuarias que ignoraba totalmente los principios cooperativos. La mayoría las formaban con diez o un poco más de socios con el propósito de obtener beneficios como fáciles créditos del Banco Nacional, que no reembolsaban y les decían que no importaba, pues les darían nuevos créditos. Así comenzó el desbarajuste del banco y dio paso al nacimiento de la cultura del no pago. De esta manera se ponía en práctica la fuente de derecho revolucionario.
El cooperativismo se desprestigió y como colofón a este desastre, en 1988 el gobierno revolucionario canceló el Programa de Crédito Rural del Banco Nacional, que financiaba hasta junio de 1979 a 38 mil cabezas de familia en las 89 Agencias de Crédito Rural que operaban como un verdadero Banco de Desarrollo para el pequeño y mediano agricultor. Banco que tenía en su personal de campo a 248 agrónomos que brindaban asistencia técnica, control crediticio y formación de cooperativas dentro de los principios cooperativos con alto número de asociados.
En la época de oro del Banco Nacional y dentro del programa mencionado, cada año se promovían a decenas de pequeños agricultores hacia el crédito bancario siempre del mismo banco, pues habían aumentado su capital e ingresos y necesitaban líneas de crédito mayores. El Crédito Rural obtuvo en dos ocasiones recursos del Banco Interamericano de Desarrollo por un total de US$$12.5 millones y que por su excelente ejecución el BID lo proclamó como el mejor Programa de Crédito Agrícola al pequeño agricultor en Latinoamérica.
Además quebraron al Banco Nacional y ninguno de los gobiernos posteriores se preocupó por restablecerlo con la misma dimensión del original. Actualmente el movimiento cooperativo está convertido en un movimiento político que no siguen los principios de Rochdale, se conculca todo lo legal y se irrespeta la Constitución. Por la misma fuente de derecho el sector cooperativo sufre de falta de liderazgo verdaderamente cooperativo.
Pero hay un ejemplo que es como una luz de esperanza en este movimiento. Se trata de la Cooperativa de Servicios Múltiples 20 de Abril, en Quilalí, que comenzó hace pocos años con 51 socios y actualmente tienen seis sucursales con más de 12 mil asociados. Esta cooperativa fue promovida por Pedro Molina, ex funcionario del Banco Nacional, y es una auténtica y ortodoxa organización que respeta los principios.
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