Alberto Rivera Monzón

Cartas al Director

Honra

“Aquel hombre que pierde la honra por el negocio, pierde el negocio y la honra”.Francisco De Quevedo (1580-1645), escritor español.

Respetar el voto primario

Un indiscutible fortalecimiento a la de- mocracia no solamente partidaria, sino nacional, sería el hecho de que los candidatos de las corrientes liberales a presidente, vicepresidente, y a diputados, fueran escogidos por el pueblo, sin limitantes, utilizando la metodología de las elecciones primarias, tal a como se estila en países ejemplarmente organizados.

Que los candidatos a diputados sean escogidos, seleccionados, del seno mismo del pueblo en base a sus relaciones, a su trabajo social, a su currículo profesional, a la expectativa o esperanza que motiva la imagen que la población tenga de ellos.

Sería realmente un hermoso y digno fruto del frondoso árbol del liberalismo, que el doctor Arnoldo Alemán Lacayo respetara a los candidatos que aunque no respondan a sus meros intereses personales o de grupo, pero que sean seleccionados por la población, por las comunidades, por los barrios, por la gente humilde, pobre pero con igualdad de derechos que los que él idealiza para el fortalecimiento de su élite, es algo que sigue siendo ideal, pero que significaría un gran salto real en el fortalecimiento de los derechos políticos de los ciudadanos.

Mi duda tiene como fundamento una amarga experiencia que viví, una dura vivencia que como cicatriz llevo en mi memoria: el 11 de julio del 2001 yo fui ratificado por la gran convención del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) en León como candidato a primer diputado departamental por mi departamento de Jinotega. Los aplausos fueron atronadores, el acontecimiento fue celebrado en todos los municipios de este departamento. La Iglesia o templo de mi pueblo, San Rafael del Norte, con un lleno total, fue escenario de nuestro agradecimiento al divino hacedor. Mucha gente albergó esperanzas de ayuda en sus corazones. Era el fruto de cinco años de trabajo diario, de plena identificación con mi departamento, del que nunca me he apartado. Sin embargo, todo se derrumbó como un castillo de naipes; todas las ilusiones de la gente humilde se vinieron abajo el 21 de agosto, cuando el doctor Alemán pasó por encima del mandato de la gran convención y me quitó mi candidatura, pasando al licenciado Carlos Antonio Noguera, de segundo lugar en que lo había ubicado la votación departamental y colocándome a mí como su suplente. Repetía lo que había hecho cinco años atrás, cuando igualmente yo iba en primer lugar por voluntad departamental y Noguera ni siquiera iba en la lista de los candidatos, porque los electores consideraron que no pertenecía al PLC sino al Pronal.

Seguí mi militancia en el PLC y años más tarde fui jefe departamental de campaña en pos de la presidencia para el doctor José Rizo Castellón, dilecto hijo de este departamento.

En el 2008 se anunciaron “primarias” para quienes quisieran postularse para candidatos a alcaldes de sus municipios y yo fui “eliminado” en una “elección primaria” llena de anomalías, de una sola junta receptora, cuya votación fue suspendida a las 12:20 minutos de la tarde, porque los representantes del doctor Alemán no permitieron más participación ciudadana.

Con el respeto que me merece el ex presidente de Nicaragua, doctor Alemán Lacayo, yo dudo de la veracidad en cuanto a que las próximas primarias postulen a candidatos que no sean preseleccionados por su dedo.

Alberto Rivera Monzón

¿Liberalismo del siglo XXI?

Respecto al artículo publicado el pasado viernes por el doctor Humberto Belli, titulado “Del liberalismo de Zelaya al liberalismo del siglo XXI”, me parece que es muy interesante que el doctor Belli escriba sobre este tema, porque con él se puede discrepar con decencia y altura. Con todo respeto, no se puede comparar el liberalismo de Zelaya con el “liberalismo del siglo XXI”. ¿Por qué? Porque no hay liberalismo del siglo XXI. Es como comparar el “sandinismo” con el orteguismo. No es lo mismo atrás que en la espalda.

Lo que el doctor Belli llama “inconsistencias ideológicas” del régimen de Zelaya —y hay literatura al respecto—, son situaciones que tuvo que incurrir Zelaya para darle vida a su revolución. Los cambios fueron tan drásticos porque así lo requería la situación del país; tuvo que cometer lo que él llama “errores”; pero, si esos errores no los hubiera cometido, aún estaríamos sin el voto de la mujer y viendo a miles de campesinos sin calidad de humanos, entre otras cosas. La condición de la Nicaragua de fines del siglo XIX exigía cambios radicales que llevaron a Zelaya a buscar hasta su fortalecimiento militar, en prejuicio de la pureza de su ideología. En fin, costos de una revolución.

No conozco que Zelaya se haya enriquecido a la sombra del poder. Al menos lo que se sabe es que Zelaya, después de ser un prominente y rico hacendado y Presidente de este país —aún reconociendo que fue dictador, pues no debió reelegirse—, se fue del país a vivir en un hotel en los Estados Unidos donde murió sin haber sido nunca tratado “por sus enemigos” como un ladrón. Se fue a vivir en el país que lo había atacado, no por ladrón, sino porque lo que pretendía Zelaya era hacerse fuerte en Centroamérica para poder hacer realidad su revolución, para poder hacer fuerte a Nicaragua con la Empresa del Canal y otros cambios que, económicamente nos tendrían sin estas pécoras que ahora tenemos.

Imagínese, doctor Belli, la naturaleza de los gobiernos anteriores a Zelaya. ¿Usted cree que eran tan sencillos como para permitir que Zelaya llevara a cabo sus cambios verdaderamente revolucionarios sin tener una reacción fuerte? El doctor Belli llama a eso “Mazo para castigar a sus adversarios”. Usted es un hombre inteligente y sabe de las condiciones trogloditas en que vivía la Nicaragua de antes de Zelaya.

Pero, quizá ése es un asunto más extenso de discutir. La urgencia del espacio me lleva a dos puntos más importantes.

En primer lugar, no podemos esperar de Zelaya un comportamiento liberal a lo Tatcher, o a lo Friedman. Zelaya se educó en otras aguas y de ellas sacó lo mejor de su tiempo. Nadie lo puede negar. Se puede escribir mucho sobre este tema.

Pero, lo que yo no concibo con el doctor Belli, es que trate de comparar a Zelaya con los “liberales” del siglo XXI. No hay liberales del siglo XXI, como no hay sandinistas en el orteguismo. No hay que confundir, de nuevo, la gimnasia con la magnesia. Estos “liberales”, casi sin excepción, son simplemente ladrones ocasionales.

Augusto Zelaya Úbeda

La verdad sobre el sida

En mi opinión, es muy importante que los padres hablen a sus hijos sobre los peligros de usar preservativos, anticonceptivos y abortivos, como la píldora del día después, PDD o ru-486.

Hoy en día los jóvenes están continuamente hostigados desde los medios de comunicación y desde las propias escuelas, diciéndoles que usando preservativos evitarán los embarazos no deseados y que tampoco se contagiarán del virus del sida y otras enfermedades venéreas.

Hostigados además por programas televisivos en donde se presenta como normal la infidelidad, la pornografía, el sexo explícito, etc. Y todos esos programas degradantes de pura telebazofia.

Las campañas de salud, basadas en la distribución de preservativos para evitar el sida, inducen a engaño, porque ocultan información y no colaboran a la prevención, sino a una mayor difusión de las conductas de riesgo, ya que implican que las autoridades sanitarias están dando su visto bueno a las conductas y estilos de vida que son responsables de la epidemia.

Desde hace tiempo se sabe que el preservativo tiene una relativa eficacia como contraceptivo. Las estadísticas dicen que ese profiláctico falla en el 15 por ciento de los casos como contraceptivo y por tanto no se puede hacer creer que el virus del sida, que es 450 veces más pequeño que los espermatozoides, puede ser frenado por la barrera de látex como por arte de magia.

Cuando tantas veces se ha hablado de África, el único país en donde ha descendido ese problema es en Uganda, en donde se adoptó el sistema de: continencia y fidelidad a una sola pareja. Cuando la promiscuidad sexual disminuyó, la tasa de infección por VIH descendió desde un máximo del 15 por ciento a principios de los noventa en torno a un 4 por ciento en 2003”. ¿Tanto costaría educar a los jóvenes en este sentido?

En este asunto tan delicado, los números lo demuestran.

Isabel Costa Espluga

COMENTARIOS

  1. erick
    Hace 16 años

    bien muy bien que se elijan de esa forma , si o todos les parece bien pues que bien. jeje. igual se hace un cuba.

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