Por Edgard Rodríguez C.
Alemania ha dejado de ser aquel equipo rígido, formado por unos rubios altos, que tenían roles funcionales bien definidas y a los que se sometían de forma estricta, casi mecánica, dentro de un sistema táctico que no se podía romper.
Ahora han agregado frescura y flexibilidad al plantel con unos jóvenes lúcidos y explosivos, quienes al igual que sus antecesores, luchan y trabajan hasta el final. Que están vestidos para matar, como aquéllos, pero que a diferencias de ellos, quieren ganar pero también jugar y divertirse. Y lo han logrado.
Este equipo, que sin embargo, aún tiene un juego muy vertical y que ataca siempre al espacio, ha tenido hasta ahora, el comportamiento más convincente entre todos los candidatos al título. Es el máximo en goles anotados con 13. Y sólo permite dos. Hay por tanto, un excelente equilibrio.
No obstante, los germanos, que se han proyectado con autoridad y a paso firme, tendrán hoy la prueba más rigurosa a sus pretensiones, cuando se midan a España, en busca de un pase para la final del Mundial de Sudáfrica, en un partido que tiene ribetes de final anticipada y todo el condimento necesario para captar el interés.
España está también en buen momento. Aún cuando haya ganado algunos partidos con mucho sufrimiento, ha mostrado oficio, dominio y temple para sostener ventajas precarias sin tener que desdibujarse y traicionar su estilo de juego, tejido desde el fondo a base de toque y con la magia de un mediocampo cerebral y desequilibrante.
La propuesta de España exige mucha creatividad, velocidad y sobre todo, precisión, un factor esencial ante esta Alemania, muy atenta a los errores del contrario y rápida en sus transiciones. A España le gusta moverse por las bandas, madurar el partido y prepararse para la estocada en el momento preciso.
De manera que por un lado, vamos a ver a esta Alemania imponente y temible, explosiva en su ataque y firme en su defensa, ante una España bien organizada y perspicaz, que ha hecho del toque no sólo su sello de distinción, sino también su razón de ser, que ha aprendido a matar con suavidad, pero también con estilo y que se ha sacudido los demonios de su pasado.
La Alemania de tres títulos mundiales, siete finales disputadas, tres coronas de Europa y un hambre permanente de triunfo, frente a la España, que tras imponerse en la Eurocopa del 2008, dio finalmente el paso al frente que siempre se le exigía, y que enfrenta hoy el partido más importante de su historia.
Es más vistoso el juego de España y hay más proximidad aquí con su liga, pero Alemania parece disponer de demasiado talento como para fallar.
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