“El subdesarrollo es la aplicación concreta de la teoría de la relatividad”.
Dr. Máximo Estupiñán
Consideremos a Nicaragua como una gran empresa y una estructura organizacional embrionaria donde la apatía se ha enquistado en la idiosincrasia de la parte más voluminosa de la población. Para nuestros futuros líderes —véase gobernantes— es de carácter urgente promover la práctica de valores que motiven a ese recurso humano que hace posible que la empresa —o el país prospere— más allá que la capacidad intelectual, la educación o el talento no se puede excluir la parte medular del ser humano que es su capacidad de “tomar decisiones” bajo reglas éticas y morales que dan equilibrio a la dinámica social.
Una persona que ostenta un puesto de liderazgo —el presidente de una nación, el gerente de una transnacional, el docente universitario e incluso un padre de familia— deben poseer el valor de la empatía: “ que no es más que la capacidad y habilidad intelectiva de una persona para entender las necesidades, sentimientos y problemas de los demás, poniéndose en su lugar; y respondiendo correctamente a sus reacciones emocionales, lo cual lleva a una mejor comprensión de su comportamiento”. (Alfredo González Holmann, La gran pregunta ).
Las personas que estiman a su líder valoran sobremanera cuando éste desciende desde su posición —como la del Magíster en una sesión de clases— para compartir con sus pupilos. En la política y el marketing esta estrategia se ha desarrollado divinamente cuando se puede apreciar en las campañas electorales a los candidatos presidenciales departiendo con sus simpatizantes en los barrios más insólitos, escenas que se fotografían como idílicas y que figuran en los afiches publicitarios como un símbolo de que aquel personaje “comprende” al desposeído y que su desempeño en la primera magistratura de la nación será en pro de ese pueblo acongojado.
Pero, la empatía, la tolerancia y el altruismo no son plataforma para alcanzar objetivos personales. Para ilustrar mejor el dato recordemos que los países que gozan de mayor éxito y desarrollo económico también figuran —según el Índice de Filantropía Mundial— como los que más ayuda brindan en el mundo; y son los ciudadanos de Norteamérica, Europa y Japón. Una verdad absoluta que también se confirma en que las pocas empresas más exitosas del país y con proyección internacional —debido a que sus fundadores o propietarios se han formado en el exterior— son las que también ostentan los mejores tratamientos para sus colaboradores, con respecto a programas de educación continua, training, entre otros privilegios que muchos empresarios de la vieja escuela consideran un gasto.
Invertir en el recurso humano, sobre todo en aquél que goza del talento, el ímpetu para trabajar y la honorabilidad en su proceder ¡es la mejor decisión ejecutiva! El empresario que es inteligente se rodea de colaboradores más inteligentes que él, porque reconoce que aquí no es cuestión de ego sino de estrategia enfocada en resultados.
Para finalizar, se ha desarrollado esta analogía porque en esta gran empresa que es Nicaragua, no se puede apreciar un ápice de inspiración sino de apatía y el sentimiento de “yoquepierdismo” porque los verdaderos líderes y el recurso humano de alto nivel se han fugado —o han huido— a otros países con mayor apertura a sus ideas emprendedoras de tanta incongruencia entre lo que aquí se pregona y lo que realmente se practica.
La autora es docente universitaria
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