LA HABANA/AFP.- El canciller español, Miguel Ángel Moratinos, llega a Cuba para impulsar la mediación de la Iglesia que busca la liberación de presos políticos y el levantamiento de la huelga de hambre del disidente Guillermo Fariñas, en riesgo de muerte tras 131 días de ayuno.
- El canciller chileno, Alfredo Moreno, pidió a su homólogo cubano, Bruno Rodríguez, que resuelva los problemas por los que está luchando el disidente Fariñas
Las gestiones de Moreno se produjeron poco después de que el presidente chileno, Sebastián Piñera, anunciara en Santiago que había instruido a su canciller a mediar ante Cuba y ante Naciones Unidas para evitar el fallecimiento del opositor.
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Moratinos anunció en Madrid que con su viaje de dos días espera “apoyar el esfuerzo” del inédito diálogo que iniciaron hace dos meses la Iglesia católica y el Gobierno de Raúl Castro, el cual, a su juicio, arrojará “resultados positivos” para la situación de derechos humanos en la isla.
Aunque la visita aún no fue anunciada oficialmente en La Habana, diversas fuentes señalaron que además de reunirse con su homólogo Bruno Rodríguez, el canciller español conversará con el cardenal Jaime Ortega, líder de la Iglesia católica cubana.
EVADIR RESPONSABILIDAD
Por su parte las Damas de Blanco aseguraron que el Gobierno de Cuba busca proteger su imagen ante un posible fallecimiento del disidente Fariñas, al reconocer su gravedad y explicar los cuidados médicos que le han brindado.
Están “preparando al pueblo por si hay algún fallecimiento, darle a conocer que en materia de salud pública han hecho todo lo que se puede”, dijo a la prensa Laura Pollán, tras encabezar una marcha de una treintena de Damas de Blanco, solicitando la liberación de sus familiares.
Mientras la madre de Fariñas, Alicia Hernández, afirmó vía telefónica a la AFP que su hijo se mantiene firme en la protesta y dijo acoger toda iniciativa que ayude a empujar unas negociaciones que podrían salvarle la vida.
“Se haría un consenso, porque está esto muy dilatado. Se está en conversaciones con la Iglesia, si viene alguien más, también influye. Mi hijo está firme en su convicción, aunque no esté de acuerdo tengo que respetárselo”, dijo la mujer, una enfermera retirada de 75 años.
Un líder eclesial, que prefirió reservar su nombre, comentó a AFP que “la Iglesia sigue trabajando, pero la esperanza también se cansa”.
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