Algunos aficionados despiden el avión que traslada al equipo de Brasil de regreso a casa. LA PRENSA/AFP/FABRICE COFFRINI

Con una despedida lacónica

La selección brasileña tuvo ayer una despedida lacónica, tras su adiós el viernes en el Mundial, dejando Port Elizabeth para emprender su retirada hacia Río de Janeiro, con sus maletas vacías de gloria por un nuevo fracaso en la pelea por su sexto título.

PORT ELIZABETH, Sudáfrica/AFP.- La selección brasileña tuvo ayer una despedida lacónica, tras su adiós el viernes en el Mundial, dejando Port Elizabeth para emprender su retirada hacia Río de Janeiro, con sus maletas vacías de gloria por un nuevo fracaso en la pelea por su sexto título.

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La prematura e inesperada eliminación del seleccionado brasileño derivó, como era previsible, en una ola de críticas contra el DT Dunga, quien además sufre por partida doble habida cuenta del relacionamiento conflictivo que tenía con la prensa, la cual atacaba principalmente sus métodos y el estilo de juego conservador.

Muchos de los dardos también fueron dirigidos al recio mediocampista Felipe Melo, considerado un “ahijado” de Dunga por su forma de jugar, quien además de marcar un autogol —atribuido oficialmente a Wesley Sneijder— fue expulsado antes del segundo tanto de los europeos, por un pisotón contra Arjen Robben.

Ahora la CBF evalúa el sustituto del Dunga, que anunció tras el partido que ya estaba definido desde que asumió, en julio de 2006, que su ciclo era de cuatro años.

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Al día siguiente de la derrota 2-1 ante Holanda, por cuartos de final de Sudáfrica-2010, la “Seleçao” abandonó durante la tarde en silencio el hotel Protea Marine con fuerte custodia y suficiente distancia de los presentes fuera, principalmente periodistas.

“Los jugadores dijeron que no iban a hablar aquí, que prefieren dar la cara cuando lleguen a Brasil”, dijo el asesor de prensa de la Confederación Brasileña (CBF), Rodrigo Paiva, en contacto con los periodistas antes de la partida hacia el aeropuerto, desde donde viajaban antes hacia Johannesburgo.

Bajo la atenta mirada de decenas de reporteros y fotógrafos de medios brasileños y de hinchas auriverdes como locales, los jugadores “canarinhos” se montaron en el autobús aparcado estratégicamente ante la puerta del hotel, cuyos muros y las patrullas de escolta distanciaban a curiosos y periodistas. Mientras una buena parte de los hinchas aplaudieron la salida, algunos brasileños que pasaban en automóvil se despacharon con gritos y fuertes insultos dedicados al técnico Dunga (campeón mundial en 1994 como jugador).

Paiva ratificó que la consternación en el plantel era enorme y todos estaban decepcionados, lo cual se notó a través de las ventanillas del autobús en los rostros de jugadores como el capitán Lucio o el golero Julio César, uno de los tantos que derramó lágrimas después del partido.

Apenas unos pocos, entre ellos el atacante Robinho, saludaron o realizaron gestos de aprobación a los saludos de los simpatizantes.

Luego de su llegada a Johannesburgo, Brasil embarcaba a las 21:00 local hacia Río de Janeiro, donde llegaría a las dos de esta madrugada de domingo. Un grupo de jugadores continuará después hacia Sao Paulo.

Los brasileños evitaron el salón de pasajeros en Port Elizabeth y a la prensa, pues fueron dirigidos por una base militar anexa para tomar su vuelo.

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