Esperanzas
“Los pueblos viven sobre todo de esperanzas. Sus revoluciones tienen por objeto sustituir con esperanzas nuevas las antiguas que perdieron su fuerza”.
Gustavo Le Bon (1841-1931), psicólogo francés
ORTEGA Y SU DISCURSO
En Nicaragua debemos poner las cosas en su dimensión, pero, para hacer eso es necesario primero, saber ¿qué queremos? y ¿dónde queremos llegar? Escuchando muy atentamente un acostumbrado discurso del excelentísimo señor Presidente de la República de Nicaragua, don José Daniel Ortega Saavedra, la noche del 29 de junio del 2010, en las instalaciones de la Universidad Católica (Unica), en ocasión de celebrar el Día del Maestro nicaragüense y el fin de la guerra hace veinte años, observé lo siguiente:
El ciudadano Presidente, expresó en su alocución, una amplia descripción de cómo viven, trabajan y se desarrollan los maestros y las maestras de nuestro país. La descripción fue tan amplia y tan realista que el ciudadano Presidente parecía ser educador de una escuela comunitaria en un municipio empobrecido del interior de Nicaragua.
Lo negativo del discurso del presidente Ortega es que sus detalles parecieran una situación normal, una acción casi heroica que debemos emular. Pareciera una situación con la que debemos de acomodarnos, e incluso sentirnos orgullosos/as de tener a los/as reproductores de la educación de Nicaragua en una situación lamentable, deprimente, y hasta deshonrosa. Con materiales metodológicos vencidos y envejecidos, sin acceso a nuevos y mejores conocimientos, sin salarios dignos, sin perspectivas decentes de relaciones socio-laborales, con exigencias sindicales indecorosas y sin locales humanamente diseñados para la enseñanza y el aprendizaje.
Creo que los ciudadanos/as inteligentes de Nicaragua debemos de solicitarle al equipo de trabajo que asesora las comunicaciones y que prepara las intervenciones públicas del Primer Magistrado de la República, que por favor, no ensalcen con tanta vehemencia las limitaciones, las calamidades, las desgracias de los diferentes sectores de la ciudadanía nicaragüense. Lo que necesitamos en el país, es que las personas que deciden, ordenan, y conducen decisiones sociales y políticas deben de ver el mundo con perspectivas, con acento en un futuro mejor, con sentido del cambio, mostrando que no estamos contentos/as con la forma en que vivimos, con el nivel de desarrollo en que estamos, el Presidente debe expresar constantemente a dónde debemos llegar para estar mejor, no para estar peor o de la misma manera a cómo estamos actualmente.
Los nicaragüenses debemos de aspirar a desarrollar la economía del conocimiento, nosotros no podemos seguir siendo pobres de pensamiento, pobres de anhelos, pobres de deseos e intereses. Por el contrario, el ciudadano Presidente está obligado a dirigirse a la Nación en forma perspectiva, de manera positiva, con señales que levanten los ánimos, que nos inyecte energía. Y, lo que estoy diciendo no es un pedimento, o una súplica, por el contrario, es una exigencia ciudadana. Si el equipo del excelentísimo señor Presidente de la República de Nicaragua, Daniel Ortega quiere mantener su puesto de trabajo, están obligados a ser mejores y contribuir con el mandatario para sembrar ideas positivas en los oídos y las mentes de los nicaragüenses, de lo contrario están condenados a quedar sin trabajo y ser los mismos mediocres que han sido desde que tomó el poder político de Nicaragua la Administración Ortega-Morales para el período del 2007 al 2012. Únicamente.
Cirilo Antonio Otero
Sociólogo e Investigador Social.
EL SER Y EL HACER
En algunas ocasiones los educadores, ya sean padres o profesores muestran más aprecio a los chicos por lo que hacen que por lo que son. Los llenan de alabanzas y elogios cuando traen unas notas brillantes del colegio y los recriminan cuando son bajas. Sin embargo, a cualquier ser ha de valorar por su dignidad personal, independientemente de sus logros académicos o profesionales. El padre quiere a su prole porque es su hijo, una persona de sus entrañas, con sus virtudes y defectos.
Se ha dicho muchas veces que la familia es el lugar donde a sus miembros se les quiere más por lo que son (hijos, padres, abuelos) que por lo que hacen. La confianza personal nace fundamentalmente por sentirse aceptado como persona dentro del ambiente familiar.
Por esta razón, cuando se tenga que animar o elogiar a un educando, es preferible destacar el esfuerzo realizado (más cercano al ser) que alabarlo por el resultado obtenido (más relacionado con su hacer). Es importante que el chico se encuentre más a gusto por haber mejorado como persona, que por hacer, tener o recibir algo de los mayores.
En general, no se debe recompensar al niño por haber cumplido con su deber o haber conseguido un éxito en alguna actividad, aunque sí se debe elogiar y mostrar la alegría.
Un regalo por unas buenas calificaciones escolares es deformante y esto por dos razones:
Primero porque se le enseña a actuar y hacer los deberes no porque eso mismo está bien por sí mismo, sino por la recompensa que recibe, como si fuera una paga. Además esto estimula un egoísmo ya que busca su regalo y no considera el bien que puede hacer a los demás en el futuro con su trabajo. Este procedimiento de pagar con dinero o regalos las notas escolares parece más orientado a adiestrar y domesticar a los hijos que a educarlos y hacerles crecer como personas.
La segunda razón es que cuando esos premios faltan o si se consideran insuficientes, el chico se sentirá decepcionado. Dicho de otra forma: se considerará castigado siempre que no reciba la recompensa esperada. La consecuencia para el chico es que no vale la pena estudiar ni esforzarse.
Es preferible elogiar y animar el esfuerzo realizado por el chico que los resultados. Si el educando no percibe la atención de los educadores cuando se porta en forma deseable y positiva la buscará portándose de forma indeseable y negativa.
Arturo Ramo García
INDECISIONES DE MONTEALEGRE
En las elecciones del 2006 le di mi voto junto al resto de mi familia a Eduardo Montealegre, en esa ocasión fuimos 700 mil nicaragüenses los que creímos en su discurso contra el pacto Alemán-Ortega. De esa fecha al día de hoy han pasado casi cuatro años, durante todo este tiempo me he negado a aceptar que Daniel Ortega está en el poder porque dividimos el voto democrático, siempre he creído que si hay un culpable de que Ortega esté en el poder ese alguien se llama Arnoldo Alemán, ya que en esa ocasión él hizo lo imposible por evitar la unidad entre Rizo y Montealegre.
Por eso hoy me es imposible comprender las indecisiones de Montealegre y su empecinamiento en querer unir el agua con el aceite, algo que las leyes de la física no lo permiten. Seguir insistiendo en unirse a Alemán, sabiendo que fue el mismo Arnoldo el que se coludió con Ortega para robarse más de cuarenta alcaldías, incluyendo la de Managua. Es algo que mi inteligencia no logra comprender, las unidades se hacen entre personas o instituciones que tienen un mismo objetivo y las revelaciones que hoy tanto Montealegre, como el resto de los nicaragüenses conocemos, es que Alemán ordenó que le quitaran la personería jurídica a los partidos conservador y MRS, y le pidió a sus magistrados en el CSE que se coludieran con los sandinistas para que se robaran los votos en las elecciones municipales y por si todo esto fuese poco, hoy conocemos por boca del mismísimo alcalde usurpador de Boaco, Juan Manuel Obando, que Alemán le ordenó aceptar la Alcaldía que de forma fraudulenta le ofrecía el partido de gobierno.
Con todo esto seguir insistiendo en unirse al PLC arnoldista es poner en riesgo la posibilidad de la verdadera unidad democrática. Si el señor Montealegre insiste en seguir por ese camino y acepta las migajas que le ofrece Alemán, entonces en esta ocasión, sí será responsable de la división de la oposición, y tanto yo como los otros 700 mil nicaragüenses que creímos en sus palabras nos sentiremos traicionados y lo que es peor, es que nos estará condenando a seguir sufriendo el totalitarismo orteguista, por ello le pido a Dios lo ilumine y rectifique a tiempo por el bien de Nicaragua.
Enrique Martínez Vásquez
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