WASHINGTON/EFE
- Líderes políticos, sociales y religiosos calificaron el discurso de Obama como un primer paso hacia la reforma migratoria, pero le demandaron mayor liderazgo y continuar la presión para encontrar una legislación en el Congreso.
Obama mantuvo sus críticas hacia la ley de Arizona e indicó que ese tipo de legislación “pone una enorme presión contra las fuerzas del orden locales que se ven obligadas a hacer cumplir leyes de cumplimiento imposible”.
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El Presidente de EE.UU., Barack Obama, afirmó ayer que su Gobierno procederá adelante con una reforma exhaustiva del sistema migratorio que “refleje nuestros valores como un Estado de Derecho y un país de inmigrantes”.
En un discurso sobre inmigración, en la Facultad de Diplomacia de la Universidad Americana en Washington, ante unas 250 personas, Obama aseguró que su Gobierno no irá posponiendo la reforma de un sistema “fundamentalmente fracasado”. “Hemos dejado claro que este Gobierno no va posponiendo las cosas y la reforma migratoria no es ninguna excepción”, indicó en su alocución.
Tras reconocer que la inmigración es un asunto “emocional” que se presta a la demagogia, subrayó su convencimiento de que es posible “dejar la política a un lado” y que los partidos, tanto el Demócrata como el Republicano, se unan para aprobar un sistema que “rinda cuentas”. La mayoría de los estadounidenses y de los legisladores demócratas “están preparados” para una reforma que incluya una vía para la regularización de los cerca de once millones de indocumentados que se calcula que se residen en Estados Unidos; multas para los empresarios que contraten a ilegales y que refuerce la seguridad en la frontera.
Obama recordó que en intentos previos de acometer la reforma sí se contó con el apoyo de legisladores republicanos. El último intento, en 2007, promovido por los senadores Ted Kennedy —demócrata— y John McCain —republicano— fracasó debido a desacuerdos entre los propios republicanos acerca de cómo tratar a los inmigrantes ilegales que se encontraran en Estados Unidos.
Obama insistió en que una reforma migratoria debe contar con una vía para la legalización de los indocumentados, pues poner todo el énfasis en la seguridad en la frontera y detener y expulsar a los once millones de ilegales es “imposible desde el punto de vista logístico y salvajemente caro”.
El sistema actual para permitir la entrada de inmigrantes legales, subrayó, también ha fracasado, pues ha dado lugar a grandes colas y a menudo deja fuera a candidatos aptos debido a la necesidad de contratar abogados.
Idealmente, la Casa Blanca querría ver la reforma en el Congreso a principios del 2011, aunque los expertos dudan de que esto vaya a ocurrir debido a la falta de apoyo republicano.
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