Guillermo E. Miranda

Hugo Barquero cumplió a su pueblo

La rebeldía que ha mantenido el doctor Hugo Barquero, alcalde de Boaco, negándose a abandonar la Alcaldía que le confió el pueblo de esa ciudad, ha acaparado la atención pública nacional e internacional. El mundo entero ha visto cómo un solo hombre acompañado de un pequeño grupo de colaboradores se le plantó a la maquinaria orteguista armado únicamente con la legitimidad que le había conferido su pueblo al elegirlo con más de 14 mil votos. Los motivos y la forma de la destitución también son del conocimiento de todos. Contra este demócrata se coludieron todos los poderes del Estado controlados por el presidente Ortega, los que para lograr sus propósitos tuvieron que echar mano de una de las bajezas más repugnantes que puede realizar un ser humano; me refiero a la traición, acto que fue perpetrado por dos concejales del PLC coludiéndose con los concejales orteguistas para defenestrar ilegalmente al doctor Barquero.

La celeridad con que actuó el Consejo Supremo Electoral (CSE) al juramentar al “nuevo alcalde”, nos demostró que las acusaciones de corrupción y sometimiento que se les hacen tienen razón. A ellos se les unió el Poder Judicial al prestarse a anular un amparo legítimamente otorgado, iniciando con ello lo que conocemos como guerra de salas. Cuando se dieron cuenta que habían quedado al descubierto, echaron mano de la CGR, la que nombró un equipo que procedió a solicitar que se expulsara al alcalde rebelde, para según ellos poder practicar su auditoria cuyo resultado ya lo llevan bajo el brazo. Por si en esta farsa faltara algo, la Policía Nacional hoy convertida en policía orteguista, se prestó a vapulear al pueblo y expulsar de la Alcaldía con lujo de violencia al alcalde Barquero para que los “auditores” pudieran realizar el trabajo encomendado.

Sin importar el final que tenga este atropello, el pueblo de Boaco, los concejales demócratas, así como el mismo doctor Hugo Barquero deben sentirse orgullosos por el valor demostrado en la defensa de su voto. Fue necesario que se involucraran todos los poderes del Estado para poder vencer temporalmente la voluntad de un pueblo y su alcalde. Mi experiencia política no me permite creer que lo logrado por la fuerza por el gobierno, pueda revertirlo el pueblo únicamente con manifestaciones de apoyo solidario de los diferentes líderes políticos. Y que no se interprete esto como un reclamo, ya que estoy consciente que aunque quisieran, no pueden ir más allá de los mismos.

Lo ocurrido en Boaco no es diferente a lo sucedido en Granada, Ciudad Sandino o Wiwilí. La diferencia la hicieron un alcalde demócrata con decoro y su pueblo; ojalá que esto nos sirva de espejo para darnos cuenta que Ortega no se detendrá ante nada para lograr sus propósitos totalitarios. El reto que los verdaderos demócratas tenemos es conseguir despartidizar los poderes del Estado, especialmente el CSE. Si no logramos sacudirnos a esos magistrados corruptos, de nada servirá que la oposición siga peleándose por un poder que no existe, porque Ortega jamás ha pensado ponerlo en juego.

Mientras tanto, no perdamos las esperanzas que en el momento menos pensado surgirán muchos Hugo Barquero a lo largo y ancho de nuestro territorio nacional, a éstos los identificaremos por sus acciones y no por sus palabras en defensa de la democracia. Para finalizar deseo patentizar una vez más mis respetos y admiración al noble pueblo de Boaco.

El autor es ex comandante de la Resistencia Nicaragüense

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