Los colores del futbol

El mes de la moda en Johannesburgo, aquél que como el Mundial de Futbol también va del 11 de junio al 11 de agosto, ha impuesto una tendencia informal que se resume así: usa lo que quieras, siempre y cuando tenga muchos colores y los exhibas con gritos eufóricos y hasta ruidos de vuvuzelas.

Johannesburgo/EFE

 

El mes de la moda en Johannesburgo, aquél que como el Mundial de Futbol también va del 11 de junio al 11 de agosto, ha impuesto una tendencia informal que se resume así: usa lo que quieras, siempre y cuando tenga muchos colores y los exhibas con gritos eufóricos y hasta ruidos de vuvuzelas.

Quizá estén de los pelos los papas de las pasarelas de París, Milán, Nueva York, Madrid, Londres y Barcelona, pues ahora los ojos

consumistas se han desplazado al continente africano, a la ciudad sudafricana de Johannesburgo, en el elegante sector de Sandton, a 25 kilómetros del aeropuerto O.R. Tambo.

A primera vista, parece una romería de residentes ricos y otros que no lo son, de turistas curiosos de todos los rincones del mundo e hinchas en estado de éxtasis, no importa si su selección sigue en carrera o fue eliminada del Mundial.

Y toda esta liturgia diversa se riega todos los días, todos, con sus madrugadas incluidas, con litros de cerveza fría, tazas de café caliente u otras tantas bebidas menos espirituosas y más hidratantes.

Pero ninguno de los fieles paganos que asisten y son partícipes de esta moda dejan de observar con reverencia una estatua de bronce, de seis metros de alto y 2.5 toneladas de peso, hecha en homenaje al gigante de la democracia sudafricana, Nelson Mandela.

Hacerse notar en esta plaza al mejor estilo italiano y bajo un auténtico cielo africano, inaugurada el 31 de marzo de 2004, desfilar frente al imponente centro financiero que la rodea y entre las vitrinas de las 295 tiendas de moda exclusiva, o alojarse en alguno de los hoteles de lujo adyacentes, es como ir a Roma y adquirir la oportunidad de tener audiencia con el Papa.

Si los contrastes en Johannesburgo, una ciudad de 3.2 millones de habitantes, saltan a la vista cuando se recorren sus amplias autopistas que suben y bajan como montañas rusas, en Mandela Square puede resumirse la razón por la que tanto luchó Madiba, el líder que llegó a la presidencia de Sudáfrica tras pasar 27 años en la cárcel.

Pero para nada altera la armonía la chica rubia de blusa y falda de finísimos talles, que junto con su bolso de piel carga una bolsa plástica con varias vuvuzelas, aquellas cornetas plásticas diseñadas para hacer ruido.

Tampoco interrumpe la cadencia el hombre de tez morena y pinta de empresario que viste traje y corbata con impecables cortes y que se ciñe en la cabeza, dentro de una tienda de artículos diversos, aquel casco minero multicolor transformado en estandarte de equipo, ése que se conoce como makarapa.

¿Banderas? ¿Quién dijo que están sólo para izarlas?

Llevarlas impresas en la piel, adheridas en las mejillas o la frente, ha dado paso a una tendencia en la que muchos aprendices de pintores ya no necesitan lienzo.

Pasar y ver pasar gente en Mandela Square enseña, sin duda, las mejores combinaciones entre futbol y moda.

Quién dijo que el futbol es apenas una carrera de 44 piernas durante noventa y tantos minutos por un balón para anidarlo el mayor número de veces en la portería rival? El que esté, o la que esté libre de este pecado, que tire la primera piedra

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