JOHANNESBURGO/ AFP
Pedro Pinto, mécanico portugués de 32 años, ha descubierto en ocasión del Mundial de futbol de Sudáfrica un país desarrollado en el que la riqueza sorprende, incluso aunque tanto él como sus amigos están hartos de que la policía les solicite dinero.
“Esto no era para nada lo que yo me esperaba”, comenta mientras atraviesa el Nelson Mandela Square, un centro comercial lujoso ubicado alrededor de una plaza con terrazas muy a la europea, en el norte de Johannesburgo.
“Cuando supimos que la Copa del Mundo tendría lugar en África, quedamos algo inquietos”, agrega Pedro, para quien éste es su primer viaje al continente. “No me esperaba un país tan desarrollado, sofisticado”, afirmó.
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Su impresión se parece a la de la mayoría de los extranjeros que visitan Sudáfrica: llegada a un aeropuerto internacional de Johannesburgo agrandado y renovado, y autopistas que lo comunican con la ciudad y la zona turística de los hoteles, en un barrio privilegiado de la ciudad.
A la sombra de las torres Sandton se extiende el barrio financiero, por completo superprotegido, que es donde se hospeda Pedro. Sin embargo, no muy lejos, la población emergente de Alexandra ofrece la imagen contrapuesta de
África: casi medio millón de personas se hacina en cabañas construidas con cualquier material, como cartones y chapas onduladas, entre las que serpentean sombrías callejuelas sin asfaltar.
Es en estos barrios y en el campo donde malvive el 43 por ciento de la población que se encuentra por debajo del umbral de la pobreza. Es también donde se concentra la criminalidad récord del país (50 asesinatos diarios).
Para el Mundial, se reclutaron 44,000 policías suplementarios para brindar mayor seguridad a los visitantes. Pero algunos de ellos tienen actitudes “extrañas” con los aficionados europeos. “En Ciudad del Cabo, un policía me pidió 500 rands (65 dólares, unos 53 euros) amenazándome con mandarme preso porque había estacionado mal el auto”, dice.
“Muchos otros extranjeros con los cuales he hablado me dijeron que han sido intimidados por policías que les solicitaron dinero. Estos policías empañan el ambiente y crean una mala imagen del país”, apostilla Pedro.
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