Desde 1987 las Naciones Unidas promueven cada 26 de junio el Día Internacional de Lucha contra el uso indebido y el tráfico ilícito de drogas con el propósito de “erradicar para siempre” la producción, tráfico y consumo de drogas.
Estadísticas oficiales del mundo reportan más de 300 millones de personas adictas a los psicotrópicos y estupefacientes. Se estima que las drogas están involucradas en el 75 por ciento de asaltos, suicidios, violaciones y otros crímenes.
Una droga es cualquier sustancia que altera el funcionamiento normal de uno o varios órganos del cuerpo, sobre todo del cerebro y que produce dependencia y tolerancia. Diversos cuadros clínicos inducen las sustancias, entre otros: intoxicación aguda o crónica, síndrome de abstinencia, delirium, demencia persistente, alteraciones del estado de ánimo, ansiedad, pérdida de la memoria (amnesia), psicosis, impotencia sexual y trastornos del sueño.
Constituyen objeto de preocupación médico-social las siguientes sustancias: alcohol, alucinógenos, anfetaminas, cafeína, cannabis (marihuana), cocaína, fenciclidina, inhalantes, nicotina, opioides, sedantes, hipnóticos y ansiolíticos.
Una persona incurre en el abuso de sustancias al adoptar una conducta (patrón desadaptativo) que conlleva deterioro o malestar significativo en el cual se cumplen uno o más de los siguientes criterios por un período de un año: consumo recurrente volviéndose irresponsable, incluso consume en situaciones de peligro, violación de la ley y a pesar de los problemas interpersonales o sociales mantiene un consumo continuado.
La tolerancia es aquella condición en que se recurre a cantidades crecientes de la sustancia para alcanzar la intoxicación o “estar en onda”. Es el caso del tomador de alcohol que se ufana “de aguantar bastante guaro”.
Un sujeto con dependencia tiene afectaciones del comportamiento, el conocimiento y su funcionamiento como ser vivo porque practica repetidas administraciones o ingestas, pero ante todo por una necesidad irresistible de consumo o “craving” (en inglés) que anula la voluntad y el honor del adicto. Está dispuesto a todo para obtener la sustancia: robar, matar, mentir, estafar o prostituirse.
Como médico internista con 25 años de experiencia me ha tocado atender adictos. En una ocasión una desesperada madre me preguntó: “Doctor, ¿por qué mi hijo se está matando con esas porquerías?”
La explicación que le di a aquella sufrida madre constituye la reflexión principal de este escrito. La conducta autodestructiva que va asociada con las adicciones tiene varias explicaciones, además de las condiciones objetivas socioeconómicas y culturales mencionadas. Entre éstas destacamos:
—El cerebro del adicto es cualitativamente diferente del normal, incluyendo su funcionamiento (metabolismo) y respuestas a los estímulos externos.
—Las drogas adictivas aumentan la dopamina y otros neurotransmisores del cerebro. Se han identificado receptores o “botones” sobre los que actúan las drogas, por ejemplo la mariguana estimula receptores CB1 y CB2 que están en diferentes partes del cerebro, médula espinal y hasta en la sangre (linfocitos).
—Las personas adictas registran una frecuencia mayor de enfermedades mentales que el resto de la población general y por otro lado, quienes sufren de problemas psicológicos tienen mayores probabilidades de abusar del alcohol y otras sustancias.
—El abuso progresivo de muchas sustancias como el alcohol y la nicotina (cigarrillos) puede dar origen al consumo compulsivo o dependencia de las sustancias, que se conoce como adicción. No todo mundo desarrolla dependencia, pero es más probable que ésta se dé después de un período de abuso. La tolerancia y la abstinencia vienen asociadas con la dependencia.
El consumo de drogas en nuestro país constituye un problema médico-social que amenaza a nuestra juventud y nuestras endebles instituciones. Tenemos que estar alertas y decirle “NO A LAS DROGAS”.
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