En el diario La Nación de Buenos Aires, Argentina, se publicó este lunes 21 de junio un artículo titulado La envidia de la región, del escritor venezolano Moisés Naím, director de la edición estadounidense de la revista Foreign Policy , quien menciona algunos de los aspectos más importantes de la elección presidencial colombiana que se realizó el domingo recién pasado, la cual, como se esperaba, la ganó el candidato de derecha democrática Juan Manuel Santos.
Según Moisés Naím, entre los aspectos de las elecciones colombianas que son motivo de envidia para los demás países latinoamericanos se destaca en primer lugar el caso de un Presidente —Álvaro Uribe— que tiene un “enorme apoyo popular y obvias ganas de seguir gobernando, (pero que) acepta abandonar el poder e irse a su casa al final del período porque así lo decidió un tribunal. Esto es inimaginable en varios países de América Latina, donde los jueces son propiedad del presidente”, asegura Naím, quien al parecer se refiere directamente a la situación de Nicaragua. Y agrega el hecho, también admirable, de “una contienda electoral en la cual todos los candidatos tienen credenciales serias, larga experiencia, propuestas válidas y la voluntad de no imitar el populismo tan de moda en la región”.
El director de Foreign Policy incluye entre las realidades colombianas que deben de causar envidia en los países latinoamericanos los notables logros económicos y sociales del gobierno democrático de Álvaro Uribe que será continuado por Juan Manuel Santos. Logros materiales, los de Colombia, que contrastan con el colapso de la economía y la situación social de Venezuela bajo el régimen populista de izquierda de Hugo Chávez, a pesar de los multimillonarios ingresos que éste recibe por la rica producción y exportación petrolera.
Destaca igualmente Moisés Naím los notables avances de Colombia en el ámbito de la seguridad pública y se refiere sobre todo a los golpes demoledores que el gobierno democrático de Uribe le ha asestado a la narcoterrorista guerrilla comunista de las FARC. Y al respecto es importante destacar que las FARC —las cuales cuentan en Nicaragua con el cariño y el respaldo político del régimen de Daniel Ortega—, representan la única expresión en América Latina de la lucha armada por la imposición del “socialismo del siglo XXI”, como denominan al viejo comunismo totalitario del siglo XX, lo que hace mucho más determinantes los golpes estratégicos que el gobierno de Álvaro Uribe le ha asestado al narcoterrorismo, habiendo ocurrido los principales de ellos cuando el ahora presidente electo Juan Manuel Santos era Ministro de Defensa.
“Durante mucho tiempo —escribe Moisés Naím—, profesores, políticos y periodistas nos explicaron que el dinero de la droga, la inhóspita selva colombiana, la debilidad del ejército y de la policía, la venalidad de los políticos y la pobreza del país hacían de las FARC una maldición con la cual los colombianos tendrían que vivir para siempre. Se equivocaron. En la prensa internacional hoy leemos titulares como éste: “La guerrilla ya no es el gran problema de Colombia”. Más aún, los medios informan que “las FARC están disminuidas, desmoralizadas, aisladas y sin la influencia que solían tener. Las FARC ya no aterrorizan a los colombianos, y si esto no es un milagro, se le parece mucho”.
Y concluye el director de Foreign Policy reconociendo que “obviamente, Colombia no es un paraíso… Pero los avances experimentados durante la presidencia de Álvaro Uribe son innegables. Y sus éxitos no sólo provocan envidia, sino que también sirven de ejemplo y de esperanza para otros países que siguen empantanados en el autoritarismo y el mal gobierno. Los colombianos le han demostrado al mundo que los pueblos pueden revertir tendencias y evitar destinos inaceptables. Por eso se pueden sentir orgullosos y admirados. Y envidiados”.
Para el pueblo democrático de Nicaragua todos esos logros colombianos son envidiables, en efecto. Pero en la coyuntura política actual lo que más envidia provoca es la transparencia, eficiencia y confiabilidad del sistema electoral de Colombia, que una hora después de cerrados los centros de votación informó al público el 93.5 por ciento del resultado de las elecciones, sin que nadie hubiera emitido una sola queja porque todos están claros de la capacidad y honestidad de los miembros del Consejo Nacional Electoral (CNE).
¿Cómo no envidiarlo si eso es absolutamente todo lo contrario de lo que desgraciadamente está ocurriendo en Nicaragua?
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