A estas alturas del juego político de Nicaragua, en el cual la oposición defiende la libertad, la democracia, las instituciones democráticas representativas y el Estado de Derecho, mientras que en la acera de enfrente el régimen autoritario de Daniel Ortega pugna por su reelección presidencial y el restablecimiento de la dictadura, es preciso y sería saludable que la oposición hiciera un alto en el camino para repensar la estrategia que ha venido aplicando, a fin de cambiarla si fuese indispensable o al menos para hacerle los ajustes que sean necesarios.
Al régimen de Daniel Ortega no le asisten la razón ni el derecho, sin dudas de ninguna clase. Pero jugando sucio, cometiendo abusos y faltas inclusive penales que sin embargo nadie puede o se atreve a cobrarle, el orteguismo se ha venido imponiendo a la oposición. Con decretos y resoluciones inconstitucionales; utilizando como armas a las instituciones del Estado; manipulando la administración de justicia y la interpretación de la ley; utilizando el poder absoluto que tiene en las instituciones estatales gracias al pacto con Arnoldo Alemán y el PLC; y respaldado por la inmensa cantidad de recursos económicos y materiales que le facilita la cooperación venezolana, Ortega se ha colocado en la pista de despegue para su siguiente reelección, ha extendido y fortalecido su poder político personal y partidista y tiene en actitud defensiva a una oposición que hace mucha protesta verbal y cuestionamiento legal, sin fuerza ni eficacia.
La estrategia de la oposición se ha centrado en la lucha parlamentaria, para tratar de revertir legalmente las decisiones del orteguismo, paralizar frecuentemente la actividad legislativa, bloquear la elección los 25 altos cargos estatales que debe nombrar la Asamblea Nacional a fin de impedir la reelección de los magistrados electorales del fraude. Pero ha fracasado o en todo caso ha sido ineficaz, por mucho que en el discurso público opositor se diga que todo lo que está haciendo Daniel Ortega es muestra de su debilidad y no prueba de su fortaleza. Mejor y más correcto sería decir que los avances del orteguismo no se deben a su propia fuerza, sino más bien a las debilidades de la oposición.
Ahora bien, el hecho de que la estrategia de la oposición haya fracasado o que no alcanzara resultados positivos, no es porque hubiera sido incorrecta, sino porque le ha faltado el componente fundamental que debe tener toda estrategia opositora para ser exitosa, cual es el respaldo popular masivo, activo y patente. Por muy grave que sea la crisis institucional y política en la que el régimen tiene sumido al país, y por mucha razón y derecho que le asistan a la oposición en sus demandas, ninguna salida o solución será posible mientras la crisis no se traslade a la calle y se manifieste en grandes, combativas y continuas movilizaciones populares.
Hay diversas razones objetivas para que la población democrática de Nicaragua, que es mayoritaria, se mantenga pasiva y permita que el autoritario régimen orteguista haga y deshaga a su antojo y capricho. Entre esas razones se menciona la de que los ciudadanos democráticos no se movilizan contra el depredador régimen orteguista, porque no tienen confianza en la oposición, porque los líderes opositores están desprestigiados, por las divisiones y los pleitos en la oposición que son más frecuentes e intensos que las acciones contra el poder orteguista, por la falta de una estrategia correcta y de los procedimientos tácticos adecuados, etc. Pero cualquiera que sea la causa de la inacción ciudadana, lo fundamental es que la impotencia de la oposición y los avances del proyecto dictatorial orteguista radican en la falta de movilización y de resistencia popular .
De manera que en vez de seguir hablando y actuando sin lograr la eficacia necesaria, en lugar de insistir en una estrategia que probablemente no sea la más indicada, o que, aunque fuese formalmente correcta no produce los efectos deseados; y antes de seguirle facilitando al orteguismo las condiciones para que consiga nuevas victorias con su juego sucio, abusivo y violatorio del ordenamiento constitucional, la oposición debería hacer un alto en el camino para repensar la estrategia y, si fuese necesario, cambiarla de inmediato.
De otra manera habrá orteguismo y dictadura para mucho tiempo y será muy doloroso soportarla mientras se mantenga en el poder.
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