Enviada Especial/ Johannesburgo
Higuaín anotó el triplete, Messi puso la magia y Maradona fue aplaudido por los más de 84 mil aficionados que miraron a Argentina triunfar de manera imperiosa 4-1 ante Corea del Sur, y de paso firmar su boleto a los octavos de final del Mundial de Futbol.
En el Soccer City todo parecía albiceleste, sólo unas cuantas manchas rojas, de la barra coreana, se encontraban esparcidas en algunos sectores del estadio. Ambos equipos salieron al campo de juego y se cantaron los himnos.
- Lionel Messi también brillaba por luz propia, el palo le decía que no al ansiado gol, pero fue el eje que desató la locura en las tribunas, una messsimanía acaparó a los visitantes sudafricanos que lo elogiaban sin cesar.
Argentina está en los octavos y el Diego aún está gritando gol.
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Una bandera de Corea del Sur se extendía en las graderías del sector este y norte del estadio, mientras una manta de la selección argentina con una frase que decía: “Estoy orgulloso de mis colores”, cubría toda la gradería del tercer piso.
Las frase de apoyo a Maradona se miraba en todo el Soccer City, una de ellas tenía dibujado al estratega junto al Ché Guevara, como las dos figuras ilustres del orgullo de ser argentino.
“DI1OS” decía un letrero en una de las barras, elogiando a Messi y a Maradona, los dos 10 de la selección, el pasado y presente de Argentina.
Cuando sonó el pitazo inicial, empezó el nerviosismo, pero Argentina era una orquesta en la cancha que bailó al sonar las trompetas y los cantos de la barra no tardó en marcar la albiceleste y consigo los gritos de gol se escucharon simultáneamente.
Por allí estaba Higuaín buscando dar el toque final, una aficionada desde la tribuna gritaba: “¡Vamos, vamos, Argentina, vamos, vamos a ganar!”.
Pocos momentos después, el pedido fue cumplido, Higuaín apareció para sentenciar de cabeza y extender la ventaja.
Maradona daba uno, dos, tres, saltos de alegría, era euforia total. Sin embargo, los miedos entraron y la barra coreana pudo salir del silencio unos momentos para exclamar ese gol sorpresivo de Lee Cheng Yong.
Para la segunda parte, ya Maradona tenía la corbata desarreglada, se movía de un lado a otro y no podía mantenerse sentado, el estratega era la atención en la cancha, parecía ser el duodécimo jugador de Argentina.
Y en un momento, Maradona capturaba las cámaras y fue aplaudido por la multitud. El balón salió fuera de la cancha y fue a parar a los pies de Diego, éste la tocó con magia y el esférico obedeció a su gracia, sabía que estaba siendo tocado por su maestro.
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