Enviada especial/ Johannesburgo
Se construyó en 1928 como estadio de rugby. Más tarde se reconstruyó nuevamente en 1982, de nuevo exclusivamente para jugar ese deporte. Su nombre es un homenaje a JD Ellis, quien fue concejal de Johannesburgo y aprobó el uso de un solar de más de 5 hectáreas para la construcción de un estadio.
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Un pequeño mercado y edificios semiviejos se levantan en los alrededores del Ellis Park, uno de los estadios de Johannesburgo que alberga juegos de la Copa Mundial de Futbol.
El colosal estadio se encuentra en el centro de Johannesburgo. El olor a frutas tropicales estimula el estómago y llama la atención los colores de las telas tendidas en una cuerda en los puestos de venta en el mercado.
Un joven de cabeza rapada se ubica en la esquina de un semáforo, sentado con la mirada perdida y ocultando sus manos en los bolsillos de los pantalones para mitigar el frío que abraza la mañana.
Por otro lado una señora acabada por la vejez se acerca y con sus manos heladas pero una calurosa sonrisa, me saludo y dice:
“Bienvenida a Sudáfrica”.
Margaret es el nombre de la señora. Cargaba una bolsa de papas y bananas para llevar a casa.
“Ahora todo ha subido de precio, y en los trabajos no suben el salario”, se queja.
Margot vive hace 30 años en este barrio donde se encuentra el Ellis Park y dice que, aunque este lugar sea uno de los sectores pobres de Johannesburgo, el futbol les ha traído alegría, haciendo olvidar por momentos las carencias que los atrapa a diario.
“La Copa del Mundo nos trae alegría, nos hace olvidar que somos pobres por un momento, pero esto acabará pronto y volveremos a la realidad de siempre”, explica.
A simple vista el Ellis Park captura la atención total de un estadio magnífico de la Copa del Mundo, pero con detenimiento sólo basta mirar afuera de este colosal para entender que la Copa de Futbol no logra eclipsar la pobreza que existe en Sudáfrica.
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