MÉXICO/ EFE
El Presidente de México, Felipe Calderón, rechazó ayer las políticas de “arreglo” con las bandas de narcotraficantes realizadas desde algunas instituciones del Estado y defendió su lucha contra el crimen organizado, sin la que éste “hubiera sometido a millones de familias mexicanas”.
En un inserto publicado ayer por la prensa local, el mandatario justificó el combate emprendido por su Gobierno contra las organizaciones criminales, que han pasado en los últimos años de tener un “bajo perfil” a uno “violento, intrusivo y desafiante” que “busca a la autoridad para dominarla”.
En opinión de Calderón, el origen de la violencia en México —donde desde su llegada al poder en diciembre de 2006 han muerto más de 23,000 personas— se debe en primer lugar al hecho de estar situado al lado de Estados Unidos, el país con mayor consumo mundial de drogas.
El tráfico de estupefacientes hacia Estados Unidos fue —a su juicio— el inicio de la configuración de poderosas bandas del crimen organizado en México.
El presidente mexicano insistió en este documento en que “la guerra más mortífera” que existe hoy en día no es la del Gobierno contra el narcotráfico, sino “la que libran los criminales entre sí”.
A esta lucha interna atribuye el 90 por ciento de las muertes violentas, así como el recrudecimiento de los métodos que incluyen habitualmente decapitaciones, torturas o ejecuciones colectivas.
Sobre aquellos que opinan que ha sido un error por parte de Calderón combatir la delincuencia, el mandatario aseveró que sin esa acción del Gobierno “los criminales se hubieran apoderado de una gran parte del país y habrían sometido a millones de familias mexicanas”.
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