Daniel Merolla
PRETORIA/AFP
Las vuvuzelas dejaron de sonar y las malas lenguas quedaron en silencio cuando “El Gringo” Gabriel Heinze, uno de los más resistidos por ciertos hinchas y periodistas, clavó el gol de palomita y fue el héroe del 1-0 de Argentina a Nigeria.
“Es una gran alegría haber anotado este gol, que nos aseguró el triunfo y nos permite ir a dormir tranquilos”, dijo el zaguero del Olympique de Marsella, uno de esos jugadores que carecen del aura de los cracks.
Nacido al futbol grande sin ese mágico fulgor que rodea a los ídolos y destinado a ser un laborioso constructor de su carrera a puro sacrificio, incluso tiene en su contra una página de Facebook llamada “Odio a Heinze”.
El defensor central reciclado como lateral derecho en el diseño táctico de Maradona dijo sin rencores que “es como todo lo que pasa en el futbol, que a veces uno está en el lugar correcto”.
“Vi venir el centro y no dudé en meterle el frentazo”, agregó este muchacho de 32 años que para festejar el gol no eligió a Maradona, que lo apoyó contra viento y marea, ni a Juan Verón, que le sirvió el centro.
Heinze cruzó en carrera alocada más de 30 metros para abrazarse con un desconocido para los mortales fuera del plantel, un masajista apellidado D’Andrea, a quien todos quieren por su calidad humana, todo un gesto de alguien que sabe de ser ignorado.
“Acá hay 23 pibes con un hambre de gloria y una humildad impresionante. Estoy muy contento por la convivencia que estamos teniendo. Gracias a Dios el grupo está muy bien, todos estamos concentrados en el mismo objetivo, ser campeones”, dijo “El Gringo”.
Bautizado así como todo hombre de zona rural argentina, en su caso la de Gobernador Crespo, en la agrícola provincia de Entre Ríos (Pampa húmeda central), incluso respondió con altura y elegancia, sin usar lenguaje procaz o sexual, a un periodista que le preguntó cómo se sentía ante el rechazo.
“Es una pregunta que no tiene nada que ver en este momento. Entiendo lo que buscás. Los hechos hablan más que las palabras. A veces los que escriben dicen una cosa, y es distinto lo que piensa la gente”, lo frenó en seco el zaguero.
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