El Instituto Nacional Demócrata de Estados Unidos (conocido por su sigla en inglés NDI), anunció que va a ejecutar un programa de educación especializada para los políticos de Nicaragua. Se trata de un buen proyecto, sin duda, puesto que es evidente que los políticos nicaragüenses están muy necesitados de educación sobre el servicio público, que bien entendido eso es precisamente la política.
A principios de mayo recién pasado, en un artículo de opinión titulado “La política es más que un arte”, el señor José Esteban González, presidente de uno de los partidos socialcristianos de Nicaragua, escribió con mucha certeza y conocimiento de causa, que “la profesión de político, de cuyo ejercicio depende la armonía, el progreso y la felicidad de nuestro pueblo, la ejercen personas con escasa o ninguna preparación específica y a ninguno se le exige prestar fianza de cumplimiento de sus promesas de campaña”.
En realidad, la clase política de Nicaragua tiene mucha necesidad de formación política y educación democrática, de manera que el proyecto del NDI vendría a llenar un gran vacío. Al respecto el señor Félix Ulloa, representante en Nicaragua del Instituto Nacional Demócrata, declaró a LA PRENSA que el plan de educación política se desarrollará en dos vías paralelas. “Una fortalecerá las estructuras locales de los partidos con representación en la Asamblea Nacional y que deseen participar en el proyecto. La otra consiste en impartir un Diplomado en Liderazgo y Gerencia Política a líderes juveniles de todo el país, con la idea de crear una “cantera de recursos y cuadros calificados y formados” que servirá para el trabajo partidario, pero también como recursos en el momento de escoger candidatos para que los futuros funcionarios dejen de ser escogidos ‘de dedo’”.
Pero no sólo los líderes juveniles de los partidos necesitan educación política y, por lo tanto, participar en el Diplomado en Liderazgo y Gerencia Política. También la requieren, y seguramente que mucho más, los dirigentes superiores de los partidos los cuales son los que toman las decisiones de mayor impacto público.
Es cierto que la participación política, en los partidos y en el Estado, es un derecho fundamental inherente a cada persona, de manera que su ejercicio no requiere de ningún requisito previo, salvo la edad apropiada y no tener deudas con la justicia. Como se dice en el Artículo 21 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “1. Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos. 2. Toda persona tiene el derecho de acceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas de su país. 3. La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público”.
En consonancia con esa norma esencial y universal de derechos humanos, la Constitución Política de Nicaragua garantiza en su Artículo 50, que: “Los ciudadanos tienen derecho de participar en igualdad de condiciones en los asuntos públicos y en la gestión estatal”. Y en el Artículo 51 la Carta Magna establece que “Los ciudadanos tienen derecho de elegir y ser elegidos en elecciones periódicas y optar a cargos públicos, salvo las limitaciones contempladas en esta Constitución Política”. Y entre las limitaciones que menciona la Constitución, ninguna dice que para ejercer el derecho de participación política hay que tener un determinado grado de educación o título de formación profesional, puesto que en el concepto universal de los derechos individuales, hasta la persona más humilde y de menos conocimientos formales tiene ante la ley igual derecho que cualquier eminente profesional o ilustre académico, a ejercer los cargos políticos y gubernamentales de elección popular.
Sin embargo, los partidos políticos, los cuales por su propia naturaleza jurídica y social son los intermediarios entre los ciudadanos y el Estado, tienen la obligación de escoger para el ejercicio de los cargos de dirección, representación y gobierno, a los individuos que son más calificados éticamente y están mejor preparados política y profesionalmente. Y si los dirigentes de los partidos no cumplen esa responsabilidad, hay que agradecer a instituciones como NDI que vengan a preocuparse por la educación política y la formación democrática de los dirigentes y miembros de los partidos nicaragüenses.
Sin embargo, eso no es suficiente para que los políticos criollos experimenten la transformación positiva, que tanto necesita el país para tener mejores gobernantes que trabajen por el bien común. Ante todo los políticos de Nicaragua necesitan una profunda renovación ética, pero ésta no se las puede proporcionar el NDI ni ninguna educación formal.
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