Enviada especial/ Johannesburgo
Ésta es mi segunda Copa del Mundo de Futbol y estar cubriéndola nuevamente es fascinante, pero no todo es fantástico. El trabajo periodístico en la Copa suele ser agotante y aún más cuando se trata de un país como Sudáfrica, donde el transporte dificulta la movilización para reportar.
Casi no se duerme, se come poco, pero luego que pasa el Mundial te das cuenta que todo sacrificio valió la pena, dice Carlos Sánchez, periodista venezolano.
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Aun y con las limitaciones se hace lo posible para enviar una información genuina y distinta, cubriendo todos los ángulos posibles de la Copa del Mundo, desde lo deportivo, hasta lo social y político.
Tratando de llevar esa información a los aficionados casi no se duerme, se come entre lo que se envían los reportajes. Las horas de trabajo se extienden hasta la medianoche en los centros de prensa, contiguo a los estadios en donde se realizan los partidos.
“La mayor satisfacción que te pueden dar largas horas de trabajo en la Copa, es que la gente aprecie tu trabajo, lo comente, lo valore, lo lea en el Diario, lo escuche en la radio o lo vea por la televisión. Eso es lo más gratificante de todo esto”, comenta Ernest, un periodista británico.
En el Mundial también el periodista se convierte multifuncional, la competencia actual exige que se tenga diversas habilidades técnicas en la tecnología de la información.
Por ejemplo, ahora el periodista de prensa escrita debe hacer vídeo para la web, enviar información constante para que el sitio en línea permanezca actualizado y además enviar por aparte reportajes para la edición impresa, también el periodista debe hacer fotos.
En el Mundial todo es trabajo, se puede disfrutar del partido al que se asiste, pero no con el mismo goce que lo puede tener un aficionado, quien después del juego se va a festejar, el periodista después del partido debe trabajar más.
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