Por Róger Fischer Sánchez
Muchos amigos, entre ellos William Báez, se aceleran y preguntan por qué no lo he mencionado, sencillamente el barrio es grande, fue importante y mucha gente participaba de la vida diaria en esa populosa zona de Managua.
De la Roosevelt hacia el occidente habían ferretería como la Richardson, papelerías como la Casa de las Tarjetas de la familia Gurdián, zapaterías y salas de belleza como la Gloria, fallecida trágicamente; tiendas como la de Don Ulrico Eitzen y Otto Arnold, establecimientos como Semens, Hoteles como El Balmoral, Cantinas como La Huaca, y casas de habitación como la esquina del Dr. David Stadthagen, personaje político, económico y social de los años 30 y 40, casado con Doña Adela Cardenal, su heredera y propietaria de innumerables casas situadas en el centro del viejo Managua, de alta rentabilidad y magnífica ubicación. Su hijo David fue Presidente de la Cía. Cervecera y de la Aceitera Corona y varias empresas más. Ahora es Director del Servicio Especial de Informaciones —o bolímetro— donde se saben todos los cuentos, historias y cuechos políticos y sociales de Nicaragua. Su hermana Adelita, casó con Maurice Pierson fallecido en el accidente de aviación de SASHA y es una magnífica donante de diferentes obras sociales y religiosas. Frente a ellos vivían los Fernández Holmann, Róger, Ernesto y Carlos, hijos de Doña Anita y los de don Ernesto Fernández Chamorro. Róger es un próspero empresario en Miami con intereses en Brasil y Nicaragua, Ernesto es el único nica en el rango de los mil millones de dólares y Carlos, médico ya fallecido.
La Farmacia San Antonio fue esquina de referencia, ahí la Mary Caldera y Petronio su esposo, hicieron historia ella como farmacéutica y él como caricaturista. De ellos hay un millón de anécdotas, entre otras… el día que la Mary que vivía al frente de su farmacia, quiso cruzar la calle, cuando en eso, un camión recolector de basura cruzó el semáforo y siguió de frente, Doña Mary no podía regresar a la acera de su casa y menos aún cruzar la calle, ya que a ella siendo pequeñita de estatura, no le daban las piernas. Doña Mary optó por correr en la misma dirección del camión y pegar gritos que no se oían de… me vas a a a matar bruto, oíme estoy frente a tu camión… el chofer entre el campanazo, el ruido del motor, y la bulla de los trastos de basura al caer, nunca escuchó a Doña Mary… hasta en la esquina próxima o sea la misma de la iglesia, el camión frenó porque era pare obligatorio y así la Mary cruzó la calle y caminando una cuadra al oriente llegó sana y salva a su farmacia.
Sobre esa calle estuvo Rigo una cantina famosa entonces. También una compañía de servicios eléctricos, la Floristería de la Niña Myriam Argüello, descendiente de Argüello y de La Cerda, inicialmente próceres de la Independencia y posteriormente iniciadores del pleito eterno de timbucos y calandracas, que hoy bajo otros nombres sigue siendo la misma sopa. Alfonso Cardenal tuvo su distribuidora de materiales y artículos para casa y construcción, el Dr. Cuadra casado con una de las princesas del dólar, los Stavinsky, los Gilmoure, con Monty, William, la Cristhina y su hermana, hijas de Doña Emmy y de Don William, famoso en el barrio por poner la música clásica a todo volumen y tratar así de cultivar a sus vecinos. La familia más trascendente de esa cuadra eran los Leal, compuesta por primos, hijos de cuatro hermanos, la mayor Margarita Leal Langswager
Mundo y la Tinita Leal Argüello, Pablo y Ernesto Leal Sánchez, y Guicho y Pablo Rivas Leal, todos primos que se veían como hermanos, unidos por Doña Tinita una abuela excepcional. Era una de las casas más alegres de Managua, había amistad para todas las edades, se bailaba, se cantaba, se reía, se jugaba la ouija, se jalaba, todo mundo llegaba y todo mundo pasaba contento. De las mayores que frecuentaban estaba la Nora Solano, la Esperanza Lacayo, Yolanda Rodríguez y la hermana de Peché Chamorro. Entre los varones recuerdo a Ramiro Rodríguez, Sergio Argüello Barra, quienes conmigo y Mundito Leal, inventamos que vendrían cuatro magos de oriente a leer el futuro de la muchachada, publicamos unos anuncios hablando de Ramiro Bidú Mustafa, Róger Abda Kan, Sergio Abdel Karín y Mundo Yusseff Kalil, recibíamos a diario veintenas de cartas, solicitando nuestros servicios y contándonos sus secretos amorosos, la cosa trascendió y uno de los novios afectados nos fue a denunciar a Novedades, un periódico de entonces, bajo la acusación de explotar la fe de algunas ingenuas enamoradas. Flecha y La Prensa salieron en nuestra defensa y algo tan intrascendente se llevó hasta dramatizarlo en la Radio Mundial. Era un Managua provinciana de chismes y leyendas.
Margarita Leal cumplió sus 18 años y como regalo su papá le compró un carro convertible, con sólo los primos se llenaba, lo divertido es que en Managua no existían vías y la ley prevalecía a favor de las avenidas, donde había que pitar antes del encontronazo. Recuerdo que los primero días de estreno del convertible, nos bajábamos en las bocacalles a ver si venía algún carro sobre la avenida, le hacíamos señas a la Margarita que pasara y nos volvíamos a bajar y subir en cada esquina. Luego regularon el tránsito poniendo calles de preferencia y avenidas debidamente señalizadas.
Frente a los Leal, estaba una pensión norteña de una familia Castellón, ahí vivían los hermanos Moncada Machado -todos coloradito—, su papá era agente de seguros, quedaba la pensión propiamente al costado oriental de la iglesia, esquina opuesta la casa de los Pataky, después centro radiológico de Roberto Calderón. En el recodo tenía su laboratorio el Trompudo Castillo, simpático y dicharachero, no fallaba al Estadio a respaldar al Bóer. Sus amigos sabíamos que nunca le dieron llave de la casa, y cuando llegaba un poco tarde empezaba a chiflar con disimulo y nos decía “…váyanse ya que se les hace tarde…” El Trompudo vivía cerca de su trabajo vecino de los Otero y de los Velásquez Molieri.
El Maestro Gabriel estaba al centro de una rotonda, donde vivieron los Solórzano Bermúdez, las hermanas Benard, fue la Nicalit, y hacia el sur estuvo una Escuela de Comercio de un señor húngaro, blanquito, flaquito, como su hija y esposa. Ahí el Negro Cordón realizó una de las hazañas más extraordinarias de su imaginación. El Negro era el Agente dela Revista VISIÓN para Nicaragua y al mismo tiempo amigo íntimo y compañero de habitación de Raúl Abarca, en una de sus ocurrencias le hizo creer a Raúl que sería trasladado a Costa Rica… “Fijate —le dijo— me ofrecen Costa Rica y no sé a quién dejar de Agente en Nicaragua, he pensado en vos hermano, pero no sos mecanógrafo y se necesita escribir a máquina, tal vez si te pusieras a estudiar, te podría dejar con mi recomendación el puesto a vos… por qué no te matrículas en la escuelita de Comercio frente a San Antonio y yo voy a atrasar mi traslado”. El Negro, que era una fiera, le enseñó telegramas que él mismo se mandaba, mientras Raúl pasaba todo el día tecleando y aprendiendo. El Negro era tan zamarro que invitaba a los amigos de ambos a ver a su amigo Raúl escribiendo esforzadamente en la máquina de la escuela. Mientras el Negro Cordón decía… “Ve cómo lo tengo… mansito, mansito, estudiando y tecleando”. Después de algunos días, el Negro se mandó un telegrama diciéndose que por motivos mayores, siempre quedaba de Agente de Visión en Nicaragua y que “sentían mucho el atraso provocado señor Abarca”.
San Antonio nos dará sin duda alguna para un cuarto y quinto artículos, con nombres, anécdotas y leyendas de una Managua inolvidable… ¡Hasta la próxima!
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