Educación Financiera
Entre mayo del año 2008 y marzo del 2009 las personas con inversiones en la Bolsa de Valores de Nueva York perdieron en promedio el 49 por ciento de su inversión, medida por la caída del índice promedio de precios de la bolsa (Dow Jones). ¿Cómo fue posible una pérdida tan grande en tan poco tiempo?
Parte de la respuesta se encuentra en los excesivos riesgos que tomaron algunos de los grandes bancos internacionales, otorgando préstamos a clientes sin capacidad de pago y vendiendo posteriormente esos créditos a otros inversionistas (como empresas aseguradoras y fondos de pensiones), con la finalidad de obtener más ganancias y liquidez.
Esos bancos tomaron niveles de riesgo demasiado elevados con relación a su patrimonio, lo que determinó que cuando una pequeña porción de los clientes dejó de pagar sus préstamos, la industria financiera mundial se tambaleó como un castillo de naipes (fines del 2008 e inicios del 2009).
A fin de evitar una mayor quiebra de bancos, que hubiese determinado una fuerte contracción del financiamiento y crecimiento a nivel mundial, los gobiernos estadounidense y europeos salieron al rescate de los grandes bancos, emitiendo cantidades de dinero pocas veces vistas en la historia de la humanidad.
Para dar un ejemplo, en tan sólo dos años (2008-2009) Estados Unidos duplicó el nivel de oferta monetaria que acumuló durante 80 años. Algo similar se dio en Europa.
Los déficits públicos (ingresos menos gastos del sector público) se vieron agravados a partir del año 2009, por la pesada carga del pago de intereses de las deudas que los gobiernos tuvieron que asumir para salvar a los mayores bancos del mundo.
La gran emisión de dinero no evitó que el desempleo siguiera creciendo, empeorando más el déficit fiscal, ya que los países enfrentan hoy mayores subsidios de desempleo y menor consumo, y reciben menos pagos de impuestos, lo que implica menores ingresos y mayores gastos.
Los rescates financieros permitieron “privatizar las ganancias y socializar las pérdidas”. El problema de fondo es que la emisión de dinero no está respaldada por producción real, sino que constituye una deuda de los gobiernos norteamericano y europeos.
Los ciudadanos de Estados Unidos y de la Unión Europea terminarán pagando con sus impuestos, y durante varios años, las deudas asumidas por los gobiernos. Se ha “hipotecado parte del desarrollo futuro de los países, para cubrir los errores empresariales del pasado”.
Las perspectivas no son alentadoras, los economistas hablan cada vez más de la posibilidad de una “doble recesión” (que los precios de las acciones y actividad económica vuelvan a bajar fuertemente). Sólo en el último mes el índice de precios de la Bolsa de Valores de Estados Unidos ha caído en más del 10 por ciento.
Está recrudeciendo la preocupación por la capacidad de los gobiernos de reducir sus déficits fiscales (reducir gastos y aumentar ingresos), y son cada vez mayores los cuestionamientos sobre la solidez del dólar y el euro como monedas de respaldo mundial.
Corresponde reflexionar en perspectiva, sobre la pregunta que hicimos al inicio de este artículo: ¿Y ahora quién salvará a los gobiernos?
El autor es director de Promifin, programa financiado por la Cooperación Suiza en América Central.
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