ENVIADA ESPECIAL/JOHANNESBURGO
Son las 10:35 p.m. del martes 8 de junio en Johannesburgo, capital de Sudáfrica. Más de 150 pasajeros, en su mayoría aficionados de distintos puntos del mundo, especialmente mexicanos y holandeses, bajaron del avión del vuelo 590 de KLM, procedente de Ámsterdam, en el cual venía esta periodista.
Saliendo del avión, hacia la salida del aeropuerto, todo alrededor está lleno de sponsor de futbol, un camino real que lleva a la salida de la capital sudafricana. Un póster de Ricardo Kaká, mediocampista de Brasil, se encuentra al costado derecho y al izquierdo una inmensa foto del presidente de este país africano junto a Nelson Mandela sosteniendo la Copa del Mundo, con una frase en grande escrita en inglés, español y francés: “Bienvenidos a Sudáfrica”.
En la entrada a migración, la encargada chequea el pasaporte, todo está bajo control y procedo a retirar mi maleta. Los 10 grados celcius golpea el cuerpo a la salida del Aeropuerto, la chaqueta y bufanda que llevo puesta parecen no ser suficientes para mitigar el frío. Luego miro a todos lados en busca de un taxi seguro. Un señor se acerca con una sonrisa y amablemente me tranquiliza.
“Hola, dónde la llevo, señorita”, me pregunta con seguridad. “Por favor a Football Fan Village”, le respondo.
- Al momento que terminé de escribir este primer reporte, era medianoche y aún las canciones de rancheras de los mexicanos y las pláticas interminables de los demás aficionados argentinos en el hotel parecen extenderse hasta el amanecer en el Football Fan Village.
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Eusbarg tiene 57 años, es un taxista sudafricano nato, pertenece y vive en el territorio negro de la capital. Su rostro golpeado delata una vida cargada de trabajo, desde hace 20 años es taxista, antes tenía un empleo en una fábrica textilera.
“Como taxista gano bien, por lo menos sobrevivo”, platica, mientras veo por la ventana los grandes edificios que se levantan alrededor del camino, un mundo completamente distinto al de cualquier país latinoamericano.
La conversación se extiende y me da su opinión respecto al gobierno local y el papel que se espera de la Selección sudafricana en la Copa del Mundo.
“Como sudafricano me siento alegre que seamos el país del Mundial, pero no estoy de acuerdo con que el Gobierno haya gastado muchos millones, cuando hay gente que está en la miseria, no es justo, quieren tapar la pobreza del país”, expresa su molestia.
Lo que fue sorpresivo en la conversación es que la figura del ex presidente y Premio Nobel de La Paz, Nelson Mandela, no está tan elevada como internacionalmente se conoce, por lo menos para Eusbarg.
“Mandela fue un buen presidente, pero lo que hizo su esposa fue terrible y yo creo que él estuvo involucrado en esas muertes a personas de la oposición”, expresa.
TERRITORIOS DIVIDIDOS
Eusbarg también explica acerca de los dos mundos que hay en Johannesburgo, el área de los blancos y el territorio de los negros.
“El racismo aún existe, si no ocurriera no habría territorios de negros y blancos, ni los ricos, ni la zona de pobres en Johannesburgo, nadie estuviera separado. Usted como periodista se dará cuenta en su estadía de todo lo que he dicho”, dice con firmeza.
Llegamos al Football Fan Village, el lugar donde me hospedaré durante toda la competencia. El taxi salió por 540 rands, lo que equivale a 73 dólares y casi 1,606 córdobas por 20 minutos de recorrido del Aeropuerto al hotel.
Por el momento comparto la habitación con dos argentinos, Andrés y Rodrigo. Han venido desde Buenos Aires para apoyar a la albiceleste y aunque saben que Maradona no es el técnico perfecto, confían en que el equipo argentino pueda ver más allá de los cuartos de final.
“Oye nena, Maradona era un grande como jugador, pero como técnico ya sabemos que no lo es, pero esperamos que los pibes de la selección hagan algo y pues por lo menos no seamos eliminados en la fase de grupos, como en el 2002”, comenta Andrés.
Luego, Rodrigo me advierte: “Fijate que aquí se hospeda la barra brava del equipo Leones de Argentina”.
Esta barra en Argentina es una de las más violentas, pero en Sudáfrica las cosas deberán calmarse, de lo contrario serían deportados.
“Ellos en Argentina hacen lo que quieren, pero aquí ya saben que de hacer tumulto, los regresan. Vos que sos periodista, seguro que les encantará que los entrevistés y más bien te cuidarían ”, comenta y me tranquiliza Rodrigo.
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