Por Edgard Rodríguez C.
Aprecio el beisbol y le estoy muy agradecido. Aún veo con mis reservas el boxeo pero reconozco que me ha hecho vivir grandes emociones, como la noche que me subí al ring, sin saberlo, cuando se coronó el “Chocolatito” González.
Sin embargo, en el futbol he encontrado otro punto de interés común con mi familia y eso ha despertado un entusiasmo muy especial por este deporte, que no tarda en contagiar a quienes sólo desean vivir la emoción, a veces sujetada por prejuicios o por polémicas sin mayor sentido.
Al menos yo, no termino de entender por qué tenemos que vilipendiar a un deporte para resaltar a otro. Y se han creado unas rivalidades que, en lugar de estimular la competencia, provocan el rechazo de uno y otro bando, hasta el extremo de aplaudir el fracaso del otro. Eso no tiene sentido, pero lo hacemos.
En un país tan pequeño y empobrecido como el de nosotros, el deporte debería servir para hacernos converger más allá de nuestras diferencias de cualquier tipo. Pero no, se le usa como bandera para remarcar nuestras diferencias, mientras nos dividimos y descalificamos. Qué cosa más absurda.
Entonces resulta, que el debate actual es si el futbol ya desplazó al beisbol, o cuál de estos deportes es mejor. A mí me parece que eso es ridículo. La historia está ahí. Al final, los resultados son los que cuentan. Y el que discute, lo hace por dos razones: para entretenerse o para amargarse.
La única discusión que yo aprecio es la que te permite progresar. Así que voy a dejar esos debates para quienes les apasiona intercambiar criterios y veremos al final qué pasa. Mientras tanto, los invito a vivir la emoción del Mundial, que será el tema de moda hasta mediados de julio.
Qué tremendo sería que el futbol nacional fuera bien asistido y lograra desarrollarse. Yo estoy entre quienes creen que algún día sacará la cabeza del agua. Y bueno, también sería tuani, que el beisbol produzca más big leaguers y el boxeo más campeones mundiales. Yo no le veo ningún problema a eso.
Ah, pero si a usted le gusta enfrascarse en esas terribles polémicas que rebasar la barrera del respeto, es libre de hacerlo. Yo sólo lo invito a vivir la emoción del Mundial que ya se nos vino encima.
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