Dennis Hopper , actor y director de una serie de películas memorables entre ellas: Busco mi destino. LA PRENSA/AP

Un actor en busca de su destino

Aunque falleció (el pasado 29 de mayo) a una edad relativamente temprana (74 años), en una época en que los actores fallecen acercándose a los 100, se puede decir que Dennis Hopper (actor-director) fue un sobreviviente, en más de un sentido de esa palabra.

Franklin  Caldera

Aunque falleció (el pasado 29 de mayo) a una edad relativamente temprana (74 años), en una época en que los actores fallecen acercándose a los 100, se puede decir que Dennis Hopper (actor-director) fue un sobreviviente, en más de un sentido de esa palabra.

Su pasaporte a la posteridad es la película contracultural por antonomasia: Busco mi destino (Easy Rider; 1969), dirigida por Hopper y producida de forma independiente por su amigo Peter Fonda (sobre guión original de Fonda, Hopper y el escritor Terry Southern). Ambos interpretaron los roles principales como co-protagonistas. Columbia Pictures se encargó de la distribución.

Precedida por películas que diseminaron la semilla de la contracultura en el cine, como Bonnie y Clyde (de Arthur Penn) y El graduado (de Mike Nichols), el éxito inesperado de Busco mi destino (producida con un presupuesto de apenas medio millón de dólares, generó 19 millones de dólares el año de su estreno), cambió radicalmente la forma de hacer cine en Estados Unidos.

A partir de entonces, el cine de Hollywood dio un giro hacia la juventud y las posiciones desafiantes ante el establishment que dura hasta nuestros días.

El filme narra el viaje de dos motociclistas traficantes de drogas, desde California hasta Nueva Orleáns, con parte de la trama ambientada en el estado de Nuevo México.

El protagonista, autollamado Captain America (Fonda), alto y flaco, era el Quijote idealista que buscaba el sentido de su existencia fuera de los valores establecidos; mientras su escudero, el sibarita Billy the Kid (Hopper), veía en la contracultura una oportunidad de satisfacer los deseos primitivos de su “id”.

El filme promovía los ideales del hipismo: las drogas como medio para descubrir el verdadero yo; el amor libre; la vida comunal como realización de las aspiraciones del anarquismo político; y la consolidación de una revolución total (“total revolution”) llevada a cabo en entornos naturales, no a partir de la expropiación del aparato político-económico del pasado (lo que acarrearía una reproducción viciada de ese mismo pasado).

El cine contracultural de las décadas de 1960 y 1970 nos dejó filmes memorables como La pandilla salvaje (1969) de Sam Peckinpah; Pequeño gran hombre (1970) de Arthur Penn (con Dustin Hoffman); Mi vida es mi vida (1970) de Bob Rafelson, con Jack Nicholson (que hiciera de abogado borracho en Busco mi destino ); y Atrapado sin salida (1975), de Milos Forman (por la que Nicholson obtuvo el Oscar al mejor actor).

El éxito de Busco mi destino hizo que el novel director ganara la confianza de los productores de Hollywood. La Universal aceptó distribuir su siguiente proyecto como actor/director: La última película (1971), rodada en Perú. El fracaso de este filme ante el público y la crítica interrumpió por muchos años la carrera de Hopper como director.

Víctima de su propia filosofía, Hopper pasó un largo período de su vida bajo la oscuridad de la adicción a las drogas y el alcohol. Tras su recuperación, dirigió la película canadiense, Caído del cielo (1980). Pero fue su actuación como un periodista refugiado en la selva del Vietnam bajo la comandancia del coronel derrelicto Kurtz (Marlon Brando) en Apocalipsis Ya (1979) lo que consolidó su regreso al cine, pero no como director, sino como actor secundario.
Hopper, icono del cine, fue víctima del cáncer.  LA PRENSA/AP

Entre las muchas películas en las que actuó hasta su muerte de cáncer de próstata, sobresalen sus papeles de villano sicótico en Terciopelo Azul (Blue Velvet; 1992) de David Lynch; Máxima Velocidad (Speed; 1994) de Jan DeBont; y Mundo acuático (Waterworld; 1995) de Kevin Reynolds. En 1987 fue nominado para el Oscar como mejor actor en un papel secundario por Hoosiers .

Hopper nació en Dodge City, en el estado de Kansas. Estudió en el mítico Actors Studio de Nueva York, bajo la tutela de Lee Strasberg. Inició su carrera en el cine con pequeños papeles en dos películas protagonizadas por James Dean: Rebelde sin causa (1954) y Gigante (1956), en la que interpretó al hijo idealista de Rock Hudson y Elizabeth Taylor.

De talla mediana y personalidad opaca, su carrera hasta 1969 se redujo a intervenciones en series de televisión ( Dimensión desconocida, Bonanza, Le ley del revólver… ) y papelitos en westerns como Duelo de titanes (1957), Los hijos de Katie Elder (1965) y Temple de acero (1969; con Kim Darby), ambas protagonizadas por John Wayne.

En 1957 hizo el papel de Napoleón Bonaparte en una astracanada dirigida por Irwin Allen, bajo el título de La historia de la humanidad . Harpo Marx fue Isaac Newton; Peter Lorre, Nerón, y Virginia Mayo, Cleopatra. Vincent Price interpretó al diablo. La amistad surgida entre Price y Hopper despertó el interés de éste (fotógrafo profesional y pintor aficionado) en la colección de obras de arte. Llegó a convertirse en uno de los coleccionistas de pintura moderna más importantes de su país.

La Prensa Literaria

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