LA PRENSA/ILUSTRACIÓN/B. RODRÍGUEZ

Corazones rotos

Inés Delgado siente un nudo en la garganta. Mira a su novio y no puede creer lo que está escuchando. Tras 5 años de relación él ha decidido terminar con ella.

Inés Delgado siente un nudo en la garganta. Mira a su novio y no puede creer lo que está escuchando. Tras 5 años de relación él ha decidido terminar con ella. Ella no sabe si llorar o gritar, un conjunto de emociones le oprimen el pecho y parece que todo es una pesadilla sin fin. Todos sus sueños de tener una vida juntos se han desvanecido, ahora deberá enfrentar una nueva vida sola.

Las relaciones de pareja representan uno de los aspectos más complejos de la interacción humana, y su final puede causarnos gran dolor y frustración.

Según la psicóloga Alicia Pérsico, de la policlínica Lomas del Valle, después de la ruptura se produce una etapa de duelo que incluye 6 fases. El primer momento de esta etapa es el impacto. Generalmente se produce cuando no prevemos el final de la relación y sufrimos un shock emocional que nos deja desorientados.

Luego viene la etapa de tristeza y depresión. La persona se aísla de los demás y no tiene ganas de salir con sus amigos o distraerse, pues sufre un gran dolor por la pérdida de su compañero.

Después se produce una fase de culpa, donde nos sentimos responsables por la ruptura, y pensamos en lo que pudimos hacer y no hicimos para evitar la separación.

Tras esta fase se genera una rabia profunda, y ponemos en duda las razones que nos llevaron a iniciar la relación, experimentamos arrepentimiento e ira hacia la otra persona. Nos cuestionamos y cuestionamos al otro. Pérsico explica que aunque las etapas del duelo no pueden evadirse, sí tienen una variación de género.

“La rabia y la ira se manifiesta como tristeza en la mujer, y como parranda con los amigos en el caso del hombre”, asegura Pérsico.

Otra de las fases es la de la aceptación, donde la persona afectada se resigna a comprender que la relación terminó.

Empieza un proceso de reconstrucción, de readaptación a la vida sin una pareja. “En esta etapa nos reincorporamos a nuestro grupo de amigos y compañeros de trabajo y comenzamos a valorar los buenos momentos que vivimos con esa persona”, explica Pérsico. Finalmente entramos a una fase de reconstrucción. Retomamos la vida con nuevos bríos y emprendemos nuevos proyectos.

EL PAPEL DE LA FAMILIA Y LOS AMIGOS

Cuando estamos adoloridos todo lo que involucre afecto es necesario. Después de una ruptura tenemos una herida sangrante, un dolor muy profundo que nos lacera el pecho, por eso buscamos un hombro en el cual llorar y desahogar nuestra tristeza y frustración.

Según la doctora Patricia Lacayo, de la clínica Montoya, “los amigos y la familia juegan un papel de acompañamiento durante este proceso tan doloroso, escuchan nuestras penas y nos brindan el cariño que tanto necesitamos”. A medida que avanzamos en el proceso de duelo, esa necesidad de afecto no disminuye, pero se transforma en una relación más social y placentera.

PASOS PARA SEGUIR ADELANTE

Según la doctora Lacayo, el primer paso es no ocultar la tristeza.

Es necesario reconocer que estamos sufriendo y que tenemos un dolor profundo. El segundo paso es apoyarme en la gente que quiero y me quiere, que me escuchan y aceptan mi sufrimiento.

El tercero es ser capaz de reconstruir la vida, hacer cambios y tomar acciones concretas. Pérsico explica que “devolver todo aquello que pertenece a la otra persona como su ropa y sus libros, permite limpiar nuestro espacio y acelera el proceso de sanación en este paso”.

El cuarto es cambiar nuestra rutina e incorporar nuevas actividades como ir al gimnasio o ingresar a un club para conocer a otras personas. Si la depresión es muy profunda, “es necesario buscar la ayuda de un profesional que nos ayude a superar cada una de las etapas del duelo”, explica Lacayo.

HAY QUE PONER UN ALTO

Otro aspecto a considerar en estas situaciones es la necesidad de poner distancia, asegura Lacayo.

“ Cuando una relación se termina es necesario romper el vínculo físico y emocional que nos une a la otra persona, tanto si fuimos nosotros los que terminamos como si fue ella”, aconseja.

En estos casos podemos encontrarnos frente a dos escenarios, explica Pérsico. Uno, nuestra pareja terminó con nosotros y trata de protegernos del dolor de la separación, así que continúa buscándonos para aliviar su culpa. Dos, nosotros terminamos la relación y se nos dificulta dejar de ver a la otra persona. En ambos casos lo más aconsejable es seguir con nuestra vida por separado, y vivir cada una de las etapas del duelo sin la interferencia de la pareja.

¿UN CLAVO SACA OTRO CLAVO?

Muchas personas dicen que cuando estamos sufriendo por amor, otra pareja puede ayudarnos a superar esta difícil etapa. Según Pérsico esto es totalmente cierto. “En estos casos estamos muy vulnerables, y a veces aparece una persona que nos acompaña en la tristeza, y nos volvemos tan amigos que terminamos involucrándonos en una relación que nos ayuda a salir del hoyo en el que estamos”.

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