La elección presidencial del domingo recién pasado en Colombia —en la que el candidato oficialista de centro derecha, Juan Manuel Santos, obtuvo el 46.5 por ciento de los votos, 25 puntos encima de Antanas Mockus, quien quedó en segundo lugar— dejó como grandes derrotados: primero a la organización narcoterrorista Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC); segundo, al dictador izquierdista de Venezuela, Hugo Chávez; tercero, al reeleccionismo presidencial; y, cuarto, a las encuestas.
En lo que se refiere a las FARC, esta fue derrotada por la elección presidencial de Colombia, porque no sólo fue incapaz de perturbarla, sino también porque la votación ampliamente mayoritaria a favor de Santos, es una categórica demostración de respaldo popular a la continuación de las políticas del presidente Álvaro Uribe, que ha propinado contundentes reveses a la narcoguerrilla y la ha puesto a la defensiva.
Por su parte, el dictador venezolano Hugo Chávez también ha sido derrotado en la elección presidencial de Colombia, porque en su proclamada enemistad con el Gobierno del preside Álvaro Uribe, pretendió intimidar a los votantes colombianos con la amenaza de que habrá guerra si Santos gana la elección presidencial. Es cierto que Chávez se dio cuenta del grave error que había cometido y por eso el día anterior a las votaciones en Colombia cambió de discurso, al prometer en una entrevista con la televisión internacional CNN que respetaría la decisión del pueblo colombiano, cualquiera que fuese; y al día siguiente lo repitió en su programa de radio y televisión, Aló Presidente, pero ya era demasiado tarde. Gracias a la amenaza del dictador venezolano, la votación que recibió el candidato oficialista Juan Manuel Santos, resultó más que el doble de la de Antanas Mockus, su más cercano perseguidor.
Por otro lado, también el reeleccionismo presidencial fue derrotado en Colombia. La verdad es que el presidente Álvaro Uribe habría podido ganar fácilmente esta elección, si hubiese podido presentar su candidatura para otra reelección presidencial. En diciembre del año pasado, una encuesta publicada en el diario de Bogotá, El Tiempo, reveló que el 83 por ciento de los ciudadanos colombianos opinaba que el presidente Álvaro Uribe debía tener la oportunidad de un tercer período presidencial. Y antes de las votaciones del domingo pasado, un 68 por ciento de los ciudadanos dijo tener una opinión favorable de Uribe y el 73 por ciento declaró apoyar su gestión presidencial.
Sin embargo, el Poder Judicial —que en Colombia es independiente, como tiene que ser en un país verdaderamente democrático— resolvió que Uribe no debía presentarse a la reelección. Y como demócrata que es, respetuoso de la ley y de la independencia de los poderes del Estado, el presidente Uribe acató la decisión de la Corte Suprema de Justicia, a pesar de que era contraria a sus aspiraciones y a la opinión popular mayoritaria. Es que del mismo modo que no se puede aceptar la reelección presidencial de presidentes autoritarios, los cuales utilizan los mecanismos de la democracia para imponer sus proyectos personales y perpetuarse en el poder, tampoco es aceptable que se reelijan una y otra vez los gobernantes democráticos, quienes más bien tienen la obligación de predicar con el ejemplo y practicar la alternancia en el poder.
Finalmente, ha llamado mucho la atención que también las encuestas sufrieron una derrota ante la votación del electorado colombiano. Firmas encuesta doras de mucho prestigio en Colombia y a nivel internacional, cuyas proyecciones siempre han resultado acertadas, como Gallup, Datexco e Ipsos-Napoleón, coincidieron en pronosticar una semana antes de las votaciones —pues la ley colombiana prohíbe difundir resultados de encuestas hasta siete días antes de la elección— que los candidatos Santos, del Partido de la U, y Mockus, del Partido Verde, quedarían empatados con un 35 por ciento de los votos. Sin embargo, Santos sacó más del 25 por ciento de ventaja a Mockus y estuvo a punto de ganar la presidencia en la primera ronda electoral, con el 46.6 por ciento de los votos que recibió en las urnas de votaciones.
Pero lo más importante de la elección presidencial del domingo pasado en Colombia , es que la democracia colombiana y latinoamericana ha sido la gran triunfadora; y que ha ganado también la lucha del pueblo colombiano por la conquista de la paz definitiva y el progreso económico y social. Es una gran victoria que esperamos reconfirmará el mismo pueblo de Colombia, en la segunda vuelta de la elección presidencial el próximo domingo 20 de junio.
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