La debilidad de la oposición nicaragüense es una de las principales armas con que cuenta el gobernante Frente Sandinista (FSLN) para debilitar más el sistema democrático de Nicaragua, indicó ayer un editorial deLa Nación, de Costa Rica.
El periódico afirma que “es una verdadera tragedia” para los nicaragüenses, que observan esa situación “como frustrados espectadores y como sus mayores víctimas”.
La crítica surge de la “sumisión” de nueve diputados, de las Bancadas Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) y Unidad Nicaragüense (BUN), que permite al FSLN retomar el control para mantener el quórum en la Asamblea Nacional.
“El pueblo nicaragüense, mayoritariamente democrático, ha quedado de nuevo a merced de un conjunto de dirigentes que, no importa la divisa político-ideológica que pretendan impulsar, se guían, preferentemente, por sus intereses personales más estrechos y desdeñan todo compromiso con el desarrollo, las libertades públicas y la justicia en el país”, expresa parte del editorial de La Nación.
La falta de eficacia opositora, como la califica el editorial, permite al oficialismo ganar más cuotas de poder, lo que “le asegura aprobar una serie de medidas destinadas a centralizar aún más el poder político e imponer su voluntad sobre los demás poderes (del Estado)”.
Según denunció el diputado liberal Wilfredo Navarro, el FSLN ha pagado hasta diez mil dólares por sesión a los diputados “sumisos”.
La Nación señala que “las posibilidades de una alianza opositora relativamente estable”, para enfrentar los ímpetus autoritarios del presidente Daniel Ortega, “han quedado prácticamente anuladas, y el riesgo de que se apruebe la reelección consecutiva del mandatario ha aumentado profundamente”.
El editorial del periódico costarricense también señala la falta de capacidad de la oposición en Nicaragua para anular ilegalidades como el “decretazo”, con que Ortega prolongó la permanencia de altos funcionarios del Estado, cuyos períodos habían vencido por disposición constitucional.
“Lo anterior refleja el precario estado de la oposición nicaragüense, y la falta de real compromiso democrático de varios de sus integrantes. Pero sus problemas internos son aún más complejos y vienen desde mucho antes”, concluye el editorial que “augura un pésimo futuro para la democracia y las instituciones” de Nicaragua.
Ver en la versión impresa las páginas: 2 A