Últimamente el ajedrez político que está jugando el Gobierno tiene anonadada a la población y confundido a los políticos de oposición. Hago esta afirmación porque en su afán de lograr la ansiada reelección, Ortega hizo volar en pedazos el frágil remedo democrático que había mantenido hasta ahora con su socio del pacto.
Digo esto porque el bachiller Rosales desde su posición de presidente de la Sala constitucional de la Corte del pacto, sin vergüenza ni sonrojo alguno se ha sacado de la manga una serie de sentencias que únicamente pueden sostenerse por el control absoluto que Ortega ejerce en todos los poderes del Estado. Si no, ¿cómo se explica que dos ex magistrados continúen laborando en la Corte y emitiendo sentencias absurdas amparadas en la complicidad por omisión del presidente de ese poder del Estado?
Ahora preguntémonos: ¿a quién responde el señor Manuel Martínez? ¿Será eso lo que le impide declararse monigote oficial de la CSJ? ¿Qué pasaría si este señor junto al resto de magistrados liberales llamaran a una conferencia de prensa al cuerpo diplomático y los pusieran al tanto de manera oficial de lo que acontece actualmente en Nicaragua? Ésa sería una forma seria y responsable de oponerse a las obscenidades de don Chicón, pero para nuestra desgracia, pareciese que la camisa de monigote les sienta mejor y no duden que esa camisa sea guayabera, recordemos que esas prendas de vestir tienen cuatro bolsas.
Por otro lado tenemos a la oposición en la Asamblea, la que salvo escasas honrosas excepciones el resto llega a jugar monopolio (aquel juego donde se pasa comprando y vendiendo, hasta que hay alguien que al final se queda con todo). Pero siguiendo con nuestros diputados “opositores”, desde el más tapudo hasta el más insípido, se encuentran haciendo fila para convertirse en el voto 56. Tremendo problema el del oficialismo, ya que según me informaron, el número 62 no pide mucho, sólo quiere que le hagan un abonito a la hipoteca. Cosas veredes Sancho amigo, dijo una vez el hidalgo.
Pero ahora analicemos lo siguiente: en qué nos beneficia que Pedro o Juan se conviertan en magistrados, si al final ninguno va a tener los pantalones para ejercer con dignidad dicho cargo. Es decir que lo único que van a hacer es ayudar a Ortega a seguir engañando al pueblo y al resto del mundo que aquí hay democracia y que el Estado funciona, cosa que sabemos está muy lejos de la realidad. En cuanto a mi partido, el conservador, le pido a Dios que los que tomarán las decisiones en el futuro próximo no añoren aquellos tiempos de zancudismo, porque mucho daño se le hizo a Nicaragua con esa práctica.
Para finalizar en positivo sólo quiero traer a la memoria de mis conciudadanos otras épocas negras que nos ha tocado vivir. También en ellas hubo muchos lambiscones, oportunistas y falsos profetas. Pero también hubo hombres que se crecieron cuando Nicaragua los necesitó, a ésos el pueblo los siguió y ya conocemos los resultados. Así que mis queridos amigos, no desfallezcamos, confiemos en que muy pronto cuando el pueblo se harte de tanta hipocresía podremos todos a voz en cuello gritar, al carajo los políticos corruptos. Ese día será el principio del fin de la dictadura que Ortega nos quiere imponer.
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