La negociación del Acuerdo de Asociación (AdA) de Europa con Centroamérica, adoptado en primera instancia el recién pasado miércoles 19 de mayo en Madrid, España, fue poco transparente en Nicaragua en comparación con la del Tratado de Libre Comercio de República Dominicana y Centroamérica con Estados Unidos (DR-Cafta).
En efecto, en la negociación del DR-Cafta los negociadores se presentaron frecuentemente ante los medios de comunicación y estuvieron en relación con la opinión pública. Incluso los adversarios del Tratado de Libre Comercio estuvieron activos a lo largo del proceso de negociación, hasta su aprobación en el órgano legislativo. En todos los sentidos el DR-Cafta se negoció y aprobó en un ambiente de transparencia. En cambio la negociación del Acuerdo de Asociación con Europa, que en su mayor parte se llevó a cabo en el gobierno de Daniel Ortega, ha sido tan opaca como el manejo de todos los asuntos públicos bajo el actual régimen.
Seguramente por eso es que en la negociación del Acuerdo de Asociación con Europa, para el público sólo se habló de los aspectos comerciales, como por ejemplo las cuotas de productos lácteos o cárnicos que una y otra parte podrá comercializar. En este sentido, a juzgar por declaraciones de los representantes de la empresa privada en la negociación del Acuerdo, éste será beneficioso para Nicaragua, pero más para los países centroamericanos que están mejor situados en el escenario de las relaciones económicas y comerciales internacionales, como Costa Rica y Guatemala. En realidad, teniendo la Unión Europea una población de 450 millones de habitantes que son buenos consumidores, siendo además la potencia comercial más grande del mundo y generadora de la cuarta parte de toda la riqueza mundial, es obvio que representa un mercado promisorio para Centroamérica, y para Nicaragua en particular, siempre y cuando el país se ponga a la altura de las exigencias del Acuerdo.
Sin embargo, es muy poco o nada lo que se ha hablado del aspecto político del Acuerdo con Europa, a pesar de que para Nicaragua esto es de primordial importancia por la situación de bancarrota del Estado de Derecho y el quebrantamiento de la institucionalidad democrática causado por el gobierno de Daniel Ortega. Lo único que se ha dicho en este sentido, es que el Acuerdo de Asociación con Europa se basa en tres pilares: el comercial, el político y el de cooperación, incluyendo el fortalecimiento de la integración centroamericana. Y nada más.
Pero es conocido que la Unión Europea como una cuestión de principios reviste los Acuerdos de Asociación con terceros países, con la denominada Cláusula Democrática, o sea de garantías de los derechos fundamentales y gobernabilidad democrática. En todos los convenios de este tipo que suscribe la Unión Europea, invariablemente se estipula que la vigencia y el respeto a los derechos políticos democráticos, los derechos humanos y los derechos económicos, sociales y culturales, son un elemento esencial, indispensable e irrenunciable de los Acuerdos de Asociación. Y en consecuencia se prevén y establecen sanciones por la vulneración de estas cláusulas, las cuales van desde la suspensión del Acuerdo hasta el embargo comercial.
Sobre el tema político en el Acuerdo de Asociación con Europa, lo que se supo es que el gobierno de Daniel Ortega exigió —a la par de la creación por parte de la Unión Europea, de un cuantioso Fondo de Compensación para financiar la superación de las asimetrías comerciales— la adopción de una cláusula de supuesto respeto a la soberanía y autodeterminación nacional. Esto con el propósito de que nadie intervenga y ni siquiera proteste, por las violaciones del régimen orteguista a los derechos humanos, el desmantelamiento del Estado de Derecho, el atropello a la gobernabilidad democrática y la negación de elecciones libres y limpias y observadas nacional e internacionalmente.
No sabemos qué pasó con esa indecorosa exigencia que habría planteado el gobierno de Daniel Ortega, como condición para firmar el Acuerdo de Asociación con Europa. Confiamos sin embargo en que las democracias europeas no se hayan sometido a semejante exigencia, porque sería claudicar en la defensa de los valores democráticos. Y esperamos también que el Acuerdo de Asociación con Europa le pueda servir efectivamente al pueblo nicaragüense, en su lucha por conservar la libertad y defender la democracia que tanto le ha costado conquistar, pero que tan cerca está de perderlas bajo el régimen de Daniel Ortega.
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