Monseñor Bernardo Hombach, Obispo Emérito de Granada, lamentó ayer la impunidad que campea en el caso del magistrado electoral Roberto Rivas Reyes, a quien se le ha denunciado por diversas razones.
“En este momento, como él (Rivas) está en una posición muy fuerte, ahí no se puede investigar”, se quejó Hombach luego de que la Universidad Ave Maria le rindió un homenaje y lo distinguió con el doctorado Honoris Causa.
Rivas Reyes, presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE), es apoyado directamente por el presidente de la República Daniel Ortega Saavedra.
En este momento se le está criticando porque se apropió de un terreno donado a la Iglesia en 1986, lo que logró con la aprobación del entonces Arzobispo de Managua, Cardenal Miguel Obando, su protector.
Durante el discurso de Hombach, cargado de serenidad y haciendo un llamado ético a los jóvenes de la promoción 2010, el Obispo retirado hizo mención del tema de la corrupción, un flagelo del que ha hablado públicamente a lo largo de su vida sacerdotal.
Con toga y leyendo en inglés en el Teatro Nacional Rubén Darío, Hombach, de origen alemán, dijo que “lo mismo vale un profesional justo, un funcionario público, un hombre, una mujer, que ejerce su función con justicia y rectitud; es como un refugio contra la tempestad de la corrupción, es como agua que refresca en el desierto del egoísmo de nuestra sociedad”.

Hombach nació en Krefeld, Alemania, el 13 de septiembre de 1933. Fue ordenado sacerdote el 28 de junio de 1961.
Trabajó en Perú, Caracas y Argentina en la difícil época de la dictadura militar.
De hecho, de Argentina tuvo que salir porque se encontraba en una lista para ser eliminado. Su visión del tema de Rivas contrasta con la de Monseñor Leopoldo Brenes, actual Arzobispo y sucesor de Obando, quien dijo el viernes pasado a LA PRENSA que la apropiación de bienes eclesiales que hizo Rivas es asunto del pasado.
::: ¿Qué significa para usted este homenaje que le está haciendo la Universidad Ave Maria?
Para mí era una sorpresa. Unos meses atrás me llamaron y propuse que este honor lo pasaran a todos los obispos, a la Iglesia como tal por el trabajo.
Generalmente cuando se da un honor de esta magnitud, lo que es el doctorado Honoris Causa tiene que ser un mérito y no elegir con los dedos.
En ese sentido, así como yo lo entiendo fue por el trabajo de la Iglesia y de mi parte en la lucha para la justicia, para la democracia también y lo que nosotros llamamos como la doctrina social de la Iglesia.
::: Durante su comparecencia ha citado momentos de su vida que fueron dramáticos en Argentina. ¿Cuál de estos recuerdos se le vino a la mente?
Uno piensa en toda esta vida que uno ha pasado, en la Argentina. Tengo lindos recuerdos, porque eran mis primeros años de sacerdote. Cuando uno entra con este entusiasmo fresco. Fue muy lindo. Había momentos difíciles. Cuando había esta persecución por parte de los militares.
::: ¿Es verdad que usted estaba en una lista de la dictadura?
Ése fue el motivo principal porque salí de la Argentina en 1975, en Navidad.
::: ¿Cómo vino a Nicaragua?
Quería trabajar con la gente sencilla y en el campo me gustó. Entonces me dijeron que me vaya a Nicaragua. En aquel tiempo estaba la guerra civil. Llegué a Chontales, una zona conflictiva. Pude compartir el dolor, tanto de las mamás de los que se caían del lado de la Contra como las mamás de los que se morían en el Ejército. Esto para mí era siempre importante. Saber compartir, estar con la gente sin ninguna barrera ideológica. Todos los seres humanos sufren igual.
::: Monseñor, ¿cuál es el reto más duro que tenemos los nicaragüenses en la actualidad?
Por un lado la corrupción que se ha metido nacional e internacionalmente. Hoy en este discurso que di, insistí un poco en esto, lo que necesitamos es justamente jóvenes, estos graduados de hoy, que tomen otro rumbo, que tengan conciencia, que se basen en valores. Es lo único que puede salvarnos. Y por otra parte, nuestro país está muy negativamente influenciado por el tráfico de drogas, necesitamos un cambio.
::: Monseñor, dentro del discurso que usted dictó hubo menciones claras al tema de la corrupción. ¿Cómo calza la imagen del magistrado Rivas ahí? Usted está en Cáritas y probablemente tiene más información de lo que pasó en la Comisión de Promoción Arquidiocesana (Coprosa), dirigida por Rivas entre 1981 y 2000 e involucrada en varios actos de corrupción.
No conozco los detalles de lo que pasó con Coprosa, pero sé que hubo bastante asunto sucio.
::: Me decía un amigo sacerdote que quienes dirigen Cáritas ahora ganan mil dólares mensuales y Rivas ganaba supuestamente al frente de Coprosa 5 mil mensuales en aquellos años, ¿es verdad?
Esto (el salario de Rivas) no sé, pero un director ganaba bastante en aquel tiempo por proyectos. Hoy día el director de Cáritas gana muy poco: 300 dólares. Porque siempre hay que tener de donde sacarlo (se refiere al dinero). Lo que a mí me da mucha pena es cuando en las propias instituciones de la Iglesia hay filtración, falta de honradez, esta rapacidad de querer enriquecerse, esto es muy difícil.
::: ¿Cómo afecta a la Iglesia el caso Rivas? He leído muchos comentarios de gente que confía en ustedes y cede sus propiedades y luego terminan en manos de personajes como el magistrado Rivas. Hay decepción.
Esto ocurre, pero no vamos a decir que sea la regla. Como Iglesia tenemos que vivir continuamente un proceso de cambio y conversión. Es importante porque dentro de la Iglesia también son seres humanos y respiran el mismo aire que respiran los demás. Por eso es muy fácil de contagiarse.
::: ¿Cuánto daño le ha hecho Rivas a la Iglesia católica?
Esto puede ser (hace una pausa). En este momento como él está en una posición muy fuerte, ahí no se puede investigar.
::: ¿Es verdad que en Coprosa hicieron desaparecer todos los papeles al momento de la entrega?
Coprosa era independiente. Como director de Cáritas Nacional no tuve ninguna visión de lo que pasaba allí. No podía controlarlos.
::: Cuando ya se cierra Coprosa, ¿nadie le dijo aquí tiene un informe, esto es lo que pasó?
Bueno, la Procuraduría del Estado tuvo acceso, creo yo, a Coprosa. La Iglesia no. Ninguno. Pero que hubo problemas, es seguro.
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