A principios de febrero de 2002, los televidentes de todo el mundo fueron estremecidos por las imágenes del periodista estadounidense Daniel Pearl, judío y de tendencia de izquierda democrática, mientras era degollado por terroristas de Al Qaeda que lo habían secuestrado el 23 de enero anterior, en Paquistán, donde se encontraba realizando su trabajo periodístico. Específicamente, cuando fue secuestrado y luego degollado por sus captores en una terrible exhibición pública de insania y sadismo criminal, Daniel Pearl realizaba una investigación periodística para el diario The Wall Street Journal, sobre la relación entre Al Qaeda y el terrorista británico musulmán Richard Reid, quien el 22 de diciembre de 2001 había intentado volar —con los explosivos que llevaba ocultos en sus zapatos— un avión de American Airlines cargado de pasajeros que cubría la ruta París-Miami.
Los asesinos de Pearl fueron posteriormente identificados y detenidos, entre ellos el británico musulmán Ahmed Omar Sahid Sheij, quien era el jefe del comando que lo secuestró y asesinó; y el paquistaní Jalid Sheij Mohamed, el “arquitecto” de los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York, quien se jactó de su participación en aquel espantoso crimen diciendo a sus interrogadores en la prisión especial de Guantánamo: “Yo decapité con mi sagrada mano derecha la cabeza del judío norteamericano Daniel Pearl”.
Ocho años después, el periodista estadounidense asesinado ha vuelto a ser noticia, pero ahora positivamente, al haber promulgado el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, una nueva legislación de protección al periodismo denominada Ley Pearl sobre la Libertad de Prensa. Al hablar el lunes de esta semana de la Ley Pearl sobre la Libertad de Prensa, el presidente Obama expresó que “la pérdida de Daniel Pearl recuerda no sólo cuán valiosa es la libertad de prensa, sino que en el mundo hay quienes son capaces de hacer cualquier cosa para silenciar a los periodistas”. Y advirtió Obama que, “a menudo, sin este tipo de llamados de atención, hay países y gobiernos que creen que pueden operar impunemente contra la prensa”.
Consecuente con ese principio que es esencial en el sistema de valores de Estados Unidos, la nueva Ley Pearl sobre la Libertad de Prensa establece que, a partir de ahora, el Departamento de Estado incluirá de manera obligatoria en los informes sobre la situación de los derechos humanos en el mundo, un capítulo especial en el que se identificará a los países donde se viola la libertad de prensa, se atropella de cualquier manera a los periodistas por ejercer su derecho de informar libremente, y se coarta el derecho de los ciudadanos a recibir información de fuentes diversas e independientes.
De acuerdo con la Ley Pearl, en los informes del Departamento de Estado sobre la situación de la libertad de prensa en Estados Unidos y en el mundo, se deberá especificar si los gobiernos participan o no en las violaciones de la libertad de prensa, si hacen lo necesario para impedirlas o corregirlas, si impiden y obstaculizan el ejercicio libre del periodismo; o si toman medidas para garantizarlo, procurar la seguridad de los periodistas y respetar la independencia de los medios de comunicación social.
La Ley Pearl sobre la Libertad de Prensa tendrá sin duda un significativo impacto a nivel internacional, pues los informes sobre las violaciones a la libertad de expresión y de información influirán de manera determinante en la aprobación o suspensión de los programas de cooperación externa de Estados Unidos. Como aseguró el presidente Obama en la Oficina Oval de la Casa Blanca, al promulgar la Ley Pearl, no deben quedar impunes todos aquéllos que violan la libertad de prensa, que impiden el derecho de los periodistas y de los medios independientes a informar libremente y le niegan a la población el derecho a recibir información de fuentes diversas. Es ese tipo de violaciones que ocurren de manera sistemática en Nicaragua, como por ejemplo sucedió el jueves recién pasado en el Consejo Supremo Electoral y sucede diariamente en todos los ámbitos del gobierno y los poderes del Estado que son controlados por Daniel Ortega de manera absolutista.
La libertad de prensa es un valor universal, indispensable para la vigencia de todas las demás libertades y para que funcione la democracia. Por lo tanto es necesario velar por su respeto en todas partes del mundo y en el país que sea. Los violadores de la libertad de prensa y conculcadores de la democracia, tienen que ser sancionados por la comunidad democrática internacional, al menos política y moralmente si es que no se atreve a castigarlos materialmente.
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