Por Sinan Salaheddin
BAGDAD/AP
Las fuerzas de seguridad iraquíes reforzaron este martes los puestos de control, efectuaron inspecciones de casa en casa y revisaron automóviles en busca de los autores de una devastadora serie de ataques en todo el país, que dejaron 119 muertos en la víspera.
El alcance de los ataques fue un golpe después de victorias recientes frente a los insurgentes y demuestra la resistencia de los milicianos. Las autoridades culparon a al-Qaida en Irak de los hechos de violencia que se extendieron desde el inestable norte del país hasta el sur chií, normalmente tranquilo.
Mientras tanto, prevalecía un vacío político en la nación. No estaba en claro quién controlará el próximo gobierno iraquí aunque han pasado más de dos meses desde las elecciones del 7 de marzo.
El brigadier general Ralph Baker, ex experto antiterrorista del Pentágono que controla las operaciones militares estadounidenses en el este de Bagdad, dijo que la complejidad de los ataques indica que fueron coordinados.
«Dado el momento de loa ataques en Bagdad y Anbar, sumados a las actividades en el norte y el sur, creo que puede decirse muy claramente que fue un esfuerzo coordinado», dijo a The Associated Press.
Señaló que los blancos principales fueron fuerzas de seguridad iraquíes y civiles chiíes. «Claramente dos blancos favoritos de al-Qaida. Todavía tratan de demostrar que pueden resucitar el ciclo de violencia sectaria», agregó.
La mayoría de las víctimas de la violencia del lunes fueron en dos ciudades chiíes, Hilá y Basora, lo que se suma a las preocupaciones por el resurgimiento del enfrentamiento sectario entre suníes y chiíes que arreció en 2006 y 2007.
El bloque chií del primer ministro Nuri al-Maliki ha tratado de sobrepasar a Ayad Alaui, un chií respaldado por suníes que obtuvo más votos en las elecciones, forjando una alianza la semana pasada con otra coalición religiosa chií.
Esta coalición, a la que sólo le faltan cuatro bancas para formar mayoría en el Parlamento, probablemente conducirá otros cuatro años de gobierno dominado por chiíes, como el actual.
La indignación de los suníes por el dominio chií en los gobiernos sucesivos desde el derrocamiento de Saddam Hussein en 2003 fue un motivo clave de la insurgencia que desencadenó la guerra sectaria tres años después.