Políticos
“Cuando la lucha entre facciones es intensa, el político se interesa, no por todo el pueblo, sino por el sector a que él pertenece. Los demás son, a su juicio, extranjeros, enemigos, incluso piratas”.
Thomas Macaulay (1800-1859); historiador y político británico
¿A quién engañan?
Un célebre pensador norteamericano dijo en cierta ocasión: “Se puede engañar a una persona una vez; a dos personas dos veces; pero no a todos, todo el tiempo”.
Con un cinismo fuera de serie, Daniel Ortega, el hombre que no disparó un solo tiro en las tres insurrecciones, aparece ahora en grandes carteles costeados con el dinero del Estado, con estas palabras: “El pueblo, Presidente”. Es muy propio de los dictadores rendirle culto a la personalidad. Ellos se saben sentir bien con la retórica material de la vanidad, pues parte de esta última consiste en querer perennizar su nombre usando mecánicas populistas que el mismo poder les genera.
Pero por muchas ostentaciones de “popularidad” que Ortega pretenda conseguir no lo logra, ya que su imagen de “dirigente” cada día se eclipsa, y la historia por su parte, lo va situando en el lugar de los mandatarios más inoperantes que registra el tiempo. ¿Por qué Ortega insistentemente se burla del pueblo, denominándolo “Presidente”, si él mismo sabe que la población no tiene acceso a los privilegios que poseen sus “protegidos”?
El pueblo sigue siendo el pueblo, atado a sus propias calamidades como consecuencia de las torpes políticas que practica el sandinismo-orteguista. El pueblo de Nicaragua es un pueblo inteligente, y no es Ortega y su “camarilla” quienes lo van a engañar. Que engañe a sus turbas; a los CPC, o a los muchos testaferros que tiene para que le manejen, y administren sus ilícitos negocios. De ellos, se puede seguir burlando porque son los hombres-masa de los cuales hablan los psicólogos, que se apartan de la lógica y permiten que los manejen y los utilicen en cualesquiera de las circunstancias, como lo hace el sandinismo-orteguista cuando monta en las plazas sus habituales convocatorias.
Ortega piensa que está viviendo la década de los años veinte, treinta, cuarenta, o cincuenta, cuando al pueblo se le podía engañar. Ahora las épocas son otras y el pueblo, que el comandante Ortega considera un rebaño, ha despertado y es difícil creer que puede continuar engañándolo. Ortega debería de deponer su lenguaje impropio, y comprender el lugar que ocupa en este país.
El pueblo espera de sus gobernantes lo mejor que estos últimos pudieren ofrecer, pero lamentablemente los nicaragüenses vivimos una franca inversión de valores, en donde los sandinistas-orteguistas la han abocado a otros días, y a otros tiempos, en los cuales el atraso cultural tiene notoria presencia, y únicamente queda en un pasado venturoso el recuerdo de los doctores José Madriz, y René Schick, egregios gobernantes que le dieron brillo a la República, y la supieron honrar con el testimonio de su intelecto, y de su honradez ciudadana.
Que no se sigan equivocando los sandinistas-orteguistas con la necia retórica de su idioma queriendo “impresionar” a los que no pueden impresionar, pues al final de todas las cosas la gente se cansa de que la sigan engañando porque el tiempo es tan sabio que a todos le ilumina el juicio para que no se dejen llevar por “cantos de sirena”, como reza el adagio popular.
Hugo Ramon García
Clientelismo político
El gobierno de Daniel Ortega en una actitud irresponsable pretende financiar el famoso bono salarial con recursos provenientes de los sectores productivos, en especial del sector agrícola, el cual tendrá que asumir la mayor parte del costo en el incremento de los precios del combustible y de la energía, debido a la fuerte demanda de diesel para preparar los suelos en esta época del año. Es inaceptable que el Gobierno en lugar de implementar políticas que promuevan el desarrollo del sector y mejoren su competitividad, se siga esquilmando al productor con nuevas alzas o nuevos impuestos como el que cobra de manera ilegal el Registro Público amparado en un decreto presidencial.
Cualquier incremento en la estructura de costos del sector productivo afectará de manera directa la producción de granos, la seguridad alimentaria, el empleo rural y el poder adquisitivo de los asalariados, debido a la onda expansiva inflacionaria que arrastra todo a su paso. Este nuevo capricho del gobierno demuestra que el fomento a la producción ha sido reemplazado por el clientelismo y el populismo como políticas de Estado.
Arnoldo Toruño Carmona
Síndrome de Hubris
Los políticos afectados por este síndrome, de origen griego que en español significa “orgullo”, que mal interpretan los dictadores en sus ambiciones de poder y más aún cuando son alimentados por sus colaboradores serviles, los que forman una corte de aduladores que le fomentan sus ideas de que sólo él puede gobernar el país. Le hacen creer que tiene el respaldo del pueblo, dejándose arrastrar por su ego que se convierte en una obsesión de perpetuarse en el poder veinte años o más, como lo dijo el presidente venezolano Hugo Chávez. Creen que sólo ellos pueden resolver todos los problemas del país. Esta irracional ambición los lleva a cometer muchos disparates.
Esos políticos no aceptan la crítica, aunque sea constructiva la consideran envidia de sus adversarios, sus colaboradores serviles les hacen creer que son indispensables. Eso le sucedió a dictadores en el pasado, por mencionar algunos: Adolfo Hitler, José Stalin, Rafael L. Trujillo, los Somoza… y en la actualidad le está sucediendo a los hermanos Castro, Hugo Chávez y sus seguidores, Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega, presidentes de Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, respectivamente.
Los políticos que sufren de este síndrome, cuando por circunstancias ajenas a su voluntad se ven obligados a efectuar elecciones supervigiladas y son derrotados, o no pudieron evitar su fracaso, aún con el fraude que es característica de los dictadores. Esto los lleva a sufrir cuadros depresivos, ya que entregar el poder es tristeza para los dictadores. No así para los demócratas que es un deber respetar la voluntad popular, esto les da el derecho de exigir reciprocidad al adversario político.
Luis Solorzano,
Granada
Morbo periodístico
A través de este prestigioso Diario, los estudiantes de segundo año de Comunicación Social de la Universidad Centroamericana (UCA) queremos manifestar nuestra abierta protesta y denuncia ante las imágenes deliberadas, irrespetuosas y sangrientas de los sucesos nacionales presentados por el Canal 10, sobre todo del trágico incidente del viernes 30 de abril pasado, en donde una compañera de clases y amiga, Lismarling Massiel Rocha Blandón falleció a causa de un accidente de tránsito en la carretera a Matagalpa.
Nosotros, como futuros periodistas consideramos relevante y oportuno erradicar este defecto antiético y morboso de ciertos medios de comunicación, ya que mancha nuestra credibilidad como periodistas y agrede los sentimientos de los familiares y amigos de las víctimas. Es necesario que no sólo los que ejercemos dicho oficio debamos indignarnos con este tipo de abuso mediático, sino también los televidentes, receptores directos de la irresponsabilidad y crudeza en que se muestran a diario las noticias de sucesos.
Es por eso que expresamos nuestra inconformidad y molestia hacia la manera en que el Canal 10 abordó este accidente, con un estilo poco profesional, amarillista e insensible. También hacemos un llamado a la población nicaragüense para que denuncie este tipo de seudoperiodismo en los medios de comunicación, pues se merecen la calidad máxima en los noticieros nacionales y que se les dé información respetuosa y adecuada. Asimismo, instamos a las futuras generaciones, como nosotros, que eviten caer en lo inhumano, donde las imágenes de la primicia no son editadas y lastiman al televidente.
Pero sobre todo, pedimos a los transportistas y al lector en general que procuren no ser protagonistas de este tipo de tragedias, pues aunque exigimos una seriedad en la labor periodística, además deseamos que exista una responsabilidad ciudadana.
Malva Marina Torres,
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