Las sugerencias para el desarrollo

Está completamente claro que el bono de 529 córdobas mensuales que Daniel Ortega ha prometido a unos 120 mil trabajadores estatales es una torpe medida populista y de clientelismo político que inevitablemente provocará más inflación. Y, por lo tanto, a la larga causará más daño que beneficio a la población, inclusive a quienes reciban el bono.

Al respecto hay que decir que es vergonzoso que personas de otros países sepan mejor que los gobernantes de Nicaragua, cómo se debe manejar correctamente la economía nacional, a fin de cumplir los objetivos elementales de cualquier gobierno, que son los de reducir la pobreza, impulsar el desarrollo y promover la prosperidad de los gobernados.

En efecto, mientras Daniel Ortega daña la economía nacional con sus políticas económicas populistas como el bono de clientelismo electoral, así como con las manifestaciones políticas en centros neurálgicos del comercio y el turismo, el embajador del Japón en Nicaragua ha hecho excelentes sugerencias para el desarrollo económico de Nicaragua, las cuales demuestran mucha más inteligencia, visión y responsabilidad ante la situación económica nacional que la demostrada por los gobernantes del país.

En un artículo titulado “Dos sugerencias para el desarrollo económico de Nicaragua”, que fue publicado en LA PRENSA el viernes 23 de abril recién pasado, el señor Shinichi Saito, embajador del Japón en Nicaragua, escribió que “la aceptación de la inversión extranjera directa (en adelante, IED) sería la fuerza motriz de la economía, pues trae consigo varios efectos positivos, por ejemplo, la revitalización de las actividades económicas nacionales, la transferencia de tecnología, la acumulación de conocimientos técnicos ( know-how ), el ingreso de divisas y la creación de empleos, etc.”; y agregó el diplomático japonés que “este efecto es particularmente significativo en los países en desarrollo. La aceptación de la IED contribuye al desarrollo económico no solamente en la industria, sino también en diferentes campos, dando lugar a un crecimiento permanente”. Y de manera documentada, el embajador de Japón demostró en el artículo mencionado cómo la inversión extranjera directa ha impulsado asombrosamente el desarrollo económico en Asia.

El embajador japonés también aporta la experiencia de un programa denominado “un pueblo, un producto”, el cual consiste en que la población de cada localidad desarrolla la producción de aquellos bienes de consumo en los que es o puede ser más competitiva, lo cual trae consigo “un aumento económico en conjunto…”. En la experiencia del Japón, argumenta el embajador Saito, “cada pueblo arrancó con este programa y, como consecuencia, el número de productos se duplicó en 20 años y las ventas se cuadruplicaron. Mediante la creación de productos locales especiales, muchos de estos pueblos han creado buena fama a nivel nacional. En Nicaragua, por ejemplo, si hablamos de Masaya, pensamos en hamacas; si es Somoto, pensamos en rosquillas, y si es San Juan de Oriente, se nos ocurre la cerámica”.

Por cierto que el gobierno del presidente Enrique Bolaños (enero del 2002 a enero del 2007) intentó impulsar este modelo de desarrollo, el cual fue denominado “programa de los cluster” y se basó en una idea desarrollada por el economista estadounidense Michael Porter en 1990. Mediante este programa se proyectó, por ejemplo, la triplicación de la producción de plátano en el departamento de Rivas, entre 2005 y 2010, de manera que para este año las exportaciones de dicha fruta deberían haber alcanzado 24 millones de dólares. Sin embargo, como ha ocurrido siempre en la historia de Nicaragua, donde cada nuevo gobierno desconoce lo que hizo el anterior, sobre todo lo bueno, el proyecto de desarrollo económico mediante los “cluster” fue repudiado por los actuales gobernantes, a quienes no les interesa desarrollar la producción ni la creación de riqueza con esfuerzo propio, pues les resulta más rentable mantener al país en el atraso y a la gente en la pobreza, para que ésta dependa más de los favores populistas.

De modo que las excelentes sugerencias del embajador de Japón para el desarrollo económico de Nicaragua, sólo podrán ser aprovechadas por un futuro gobierno democrático y progresista, por gobernantes que quieran desarrollar el país y que por lo tanto estén dispuestos a acoger y a poner en práctica sugerencias tan valiosas como ésas. Con los que desgobiernan actualmente esto es como una misión imposible.

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