El área que investiga el Instituto Scripps de Oceanografía (SIO), de San Diego, Estados Unidos, frente a las costas del Pacífico de Nicaragua y Costa Rica, con la ayuda del buque RV Melville, es una zona estratégica debido a los potenciales desastres que puede generar, como los terremotos.
Pero además, de potenciales derrumbes submarinos que en consecuencia también provocarían un tsunami o maremoto.
Fabio Segura, director técnico de Geofísica del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter), destaca la importancia para Estados Unidos de realizar una investigación específica frente a las costas del Pacífico.
“Está probado que esta zona de nosotros puede generar tsunamis a través de terremotos extremos”, comentó Segura a LA PRENSA.
El especialista recordó que en 1992 un terremoto frente a las costas del Pacífico Nicaragua provocó un tsunami que mató a 118 personas en el litoral.
Las costas del Pacífico de Estados Unidos están a miles de kilómetros al Norte de Nicaragua. Sin embargo, pueden ser alcanzadas por un tsunami producido desde el Pacífico nicaragüense, según confirmó Kerry Key, director de la expedición que investiga cómo puede el agua potenciar los terremotos.
El lugar donde se generan estos terremotos es conocido como “zona de subducción”, porque es donde chocan las placas continentales Coco y Caribe. Como resultado de este choque constante, la primera placa se hunde por debajo de la segunda, a un ritmo de 6.5 centímetros por año.
Esta zona está ubicada a 100 ó 120 kilómetros del litoral Pacífico nicaragüense.
Un sismo de magnitud 7.0 o superior puede provocar un tsunami destructivo. Pero la capacidad de destrucción puede ser mayor si hay mucha cantidad de agua filtrada entre las rocas del manto terrestre, según confirmó Key.
Además de la cantidad de agua, los investigadores del SIO están interesados en medir las temperaturas del agua y otras variables, que pueden incidir en la producción de un terremoto y eventual tsunami.
Entre esas cosas, están los posibles derrumbes submarinos. Esto se debe a que la zona de subducción es un abismo de más de cinco kilómetros de profundidad.
“Todo lo que está en pendiente se encuentra en proceso de deslizamiento, pero hay eventos que los aceleran, como el huracán Mitch, que aceleró el proceso en el volcán Casita”, recordó Segura.
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