Denis Silva García
Se considera a alguien solo cuando no establece contacto social con otras personas o bien cuando este contacto no le es satisfactorio. La soledad se caracteriza básicamente por ser el resultado de relaciones sociales que no le son satisfactorias a una persona. Constituye una experiencia básicamente subjetiva, ya que hay personas que pueden sentirse solos aún estando en compañía y personas que estando solos no sienten la soledad. Puede generar angustia, depresión y bajo sentido de la felicidad y el placer.
La soledad, salvo excepciones, es una experiencia indeseada, deprimente y generadora de ansiedad, angustia y desesperación. Es distinta del aislamiento social y refleja una percepción del individuo respecto de su sistema de relaciones sociales, bien porque este sistema es escaso o porque la relación es insatisfactoria o demasiado superficial. Se distinguen dos tipos de soledad: Emocional, o ausencia de una relación intensa con otra persona que nos produzca satisfacción y seguridad. Social, que supone la no pertenencia a un grupo que ayude al individuo a compartir intereses y preocupaciones. La soledad está relacionada con la capacidad de las personas para manifestar sus sentimientos y opiniones.
Cuando nuestra habilidad para relacionarnos es mala, aumenta la probabilidad de que nos quedemos solos ya que las relaciones que mantenemos son menos entusiastas y empáticas. La soledad está muy relacionada con la pérdida de relaciones con ese conjunto de personas que son significativas en la vida de la persona y que son con las que se interactúa de forma regular. La definición más común de soledad es la de carencia de compañía y que se tiende a vincularla con estados de tristeza, desamor y negatividad, obviando los beneficios que una soledad ocasional y deseada puede reportar. La soledad puede ser producto de diversas circunstancias: La pérdida y/o ausencia de un ser querido. Soledad social. Soledad producto de como fuimos educados, etc. Cuando surge la separación en la pareja, el fallecimiento de un ser querido, un viaje prolongado, alguien a quien hemos amado o que ocupaba un espacio vital en nuestra vida desaparece, nos invade una particular sensación de soledad, un vacío que nos sume en la tristeza y la desesperanza, lo cual también se siente cuando pasamos por la infidelidad de nuestra pareja. Nos vemos perdidos y sin los puntos de referencia en los que antes nos apoyábamos para afrontar la vida. Como personas todos necesitamos de los demás para crearnos a nosotros mismos, para sentirnos importantes, para sentirnos queridos y útiles para los nuestros. Y no sólo para cubrir nuestras necesidades de afecto y desarrollo personal, sino también para afianzar y revalidar nuestra autoestima, ya que ésta se genera a partir de la interrelación con las personas que nos rodean.
La pérdida y/o separación es irreemplazable pero no irreparable. Ese hueco quedará ahí pero si nos permitimos sentir cada una de las fases del duelo que va desde la tristeza hasta la aceptación y nos proponemos superarlo a base de confianza en nosotros mismos, podremos reunir fuerzas para establecer nuevas relaciones que cubran esa falta que la ausencia del ser querido ha causado. Necesitamos intentar que el vacío de esa persona no se convierta en una carencia general de relaciones; esta soledad es dolorosa, pero puede convertirse en positiva si la interpretamos como oportunidad para aprender a vivir el dolor sin quedarnos bloqueados. [email protected]
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